Municipalidad de Coronel Suarez

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Cooperativa Electrica

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martes, 24 de diciembre de 2013

Wir Wünschen euch glückselige Weihnachten. Friede für alle Menschen, die das gute wollen... (Deseamos una bienaventurada Navidad. La paz para todas las personas que quieren el bien)

El sol en su crepúsculo penetra por el ventanaje con extraños matices, pone una areola sobre la cabeza culta y llega hasta las pupilas pensativas, y algo del enigma tiembla en la luz del cielo concertada con la luz de un espíritu humano. 


Caen las tinieblas y las luces moribundas sobre los senderos, sobre las frondas y las fuentes. 
Tiemblan las hojas en sus ramos, y en el estremecimiento del rocío se refleja el matiz del muérdago de encina, floreciente de chispas. Está en nuestros corazones renovar año a año esta costumbre, manteniéndola enhiesta frente a los avatares de la vida diaria, que cotidianamente nos exigen renunciamientos y olvidos,  a veces, muy difíciles de reparar. Asimismo, es menester y en ello va también nuestro compromiso, mantener inalterables estos usos, pues ellas representan valores indelebles que nos confieren una identidad única.
Imagen histórica donde se aprecia a nuestras queridas Hermanas en la capillita del Colegio Parroquial orando en Vísperas de Nochebuena

Se tiene una vida verdadera que cumplir, y a poco, de esa vida verdadera solo le queda esta disposición para soñar. Llegada la hora, consciente de su deber, aporta un poco de sus sueños, aventar los humos de la nostalgia que ponen una discreta veladura sobre las formas de la vida y, un poco alegre y otro poco triste, agita la campanilla de metal en la puerta. ¡Dios de Dios!. Cuándo toda sorpresa haya muerto en los niños, cuando ya no haya que decirles a estos niños, ¿qué sucede?

"¡Ay del hombre que solo piensa en la caza  del dinero o de los honores, que no tienen ningún amor por la tradición de nuestros ancestros, aunque sea a través de un estrecho puente, haga un lugarcito en su vida con cantos y coronas!".

Sí adelantar con rápidos guiños a todas las albas, a todas las noches... Y en su corazón resuena el hachazo del leñador que hace saltar chorritos de fresca savia en el bosque sonoro, donde flotan, junto al penetrante aroma de la madera herida, los duendecitos del bien y del mal.

Ve como se eleva la columnata de humo denso de los hornos. Todo esto siente y presiente, mientras lleva la leña para el brasero de la anciana abuela que usa el fuego para calentar sus noches. ¡Ah! si pudiese recoger en los cuencos de sus ásperas manos un poco de la ceniza imponderable que es todo lo que queda al fin de cuentas, comprendería mejor que la vida es un perpetuo recrearlo todo, un eterno aventar de cenizas, para que ardamos en un gran incendio de pasiones, para que, al fin, los niños, que son los sabios, tengan razón cuando cantan en alemán: "Dios y San Pedro van por el campo; ven arder un gran incendio; fuego, no has de calentar, fuego, no has de quemar...".

 Llega la Navidad…

Y con ella reverdecen en la memoria y en la realidad cotidiana de los descendientes de alemanes del Volga un sinfín de antiguas tradiciones, tan antiguas que la historia de su origen se diluye en la vastedad de los tiempos. Pero que perduran indelebles en el espíritu de un pueblo que en estos días venera a sus ancestros llevando a cabo costumbres que tienen como base primordial la celebración del nacimiento del Hijo de Dios a través de fastuosas festividades eclesiásticas y de la congregación de la familia alrededor de la mesa hogareña esperando en unión la venida al mundo del Niño Jesús


Y como siempre ha venido sucediendo a lo largo de la vasta y fructífera historia de los descendientes de alemanes del Volga, sobre todo en estos últimos años en que se tomó conciencia de nuestro rico pasado histórico-cultural, volverán a oírse las maravillosas historias de aquellas navidades de antaño cuando los abuelos celebraban el nacimiento del Niño Dios llevando a la práctica usos y costumbres que, con sólo imaginarlos, nos iluminan la mente y el corazón de recuerdos entrañables que tuvieron lugar junto a la mesa familiar, compartiendo la Nochebuena con nuestros padres, hermanos, tíos, primos, abuelos, bisabuelos...

Cuando en aquellas memorables noches de suculentas comidas agridulces, cargadas de calorías, y con el alma rebosante de alegría, los niños recibíamos las visitas von Christkindl und der Pelznikell. Der Pelznikel que llegaba ataviado con su sobretodo oscuro, golpeando cadenas, dispuesto a castigarnos por alguna travesura memorable que habíamos realizado en algún momento del año. Und das Christkindl que llegaba revestida del aura celestial, tañendo campanillas, regalando golosinas y reconfortándonos después del susto que habíamos pasado.

Eran otros tiempos, es cierto. Tiempos más humildes, también es cierto. Tiempos en donde hasta la dicha era más simple... ¡Pero qué felices éramos! Y cuánta nostalgia y añoranza sentimos hoy al mirar atrás y descubrir que ya  nada volverá a ser como en aquellos años. Porque todos hemos crecido. Y en el camino hacia el futuro, muchos de nosotros hemos ido perdiendo afectos... nuestros padres ya no están... algunos hermanos que también se fueron antes que nosotros... y la vida que siempre continúa... siempre continúa, irremediablemente.

Por eso, en la Nochebuena, cuando levantemos nuestras copas para brindar, compartamos la felicidad del nacimiento del Niño Dios junto con nuestros seres queridos, pero también tengamos presente en nuestra memoria el recuerdo de los que alguna vez nos quisieron y hoy ya no están.




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