Municipalidad de Coronel Suarez

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domingo, 28 de octubre de 2012

Wellschkan Breche… Nuestros abuelos… juntadores de maíz a mano 2ª Parte


El cultivo del maíz implicaba técnicas diferentes a la del trigo y otros cereales, siendo su cosecha un hecho importante que imprimía en todo el campo una actividad humana, inimaginable en la actualidad, que duraba varios meses, desde marzo hasta junio o más aún…

Cargando a una chata las bolsas con espigas de maíz dejadas en el campo por los juntadores. Los más chicos disfrutan de la jornada.



 Luego de la siembra, realizada según las épocas, con técnicas variadas, pero siempre muy primitivas, y ya crecido el maíz y listo para ser cosechado, llegaban a las estancias o a las chacras los "juntadores de maíz" o "deschaladores" -a veces familias enteras- dispuestos a emprender la tarea por un magro jornal…

 Además de la mano de obra local, llegaban trabajadores golondrinas de distintas provincias o inmigrantes europeos tratándose, muchas veces, de gente ya conocida por los propietarios debido a que repetían la labor año tras año. En la zona de Bolívar  y alrededores, donde predominaba la pequeña propiedad y el trato era más personalizado con el chacarero, éste los dejaba vivir toda la temporada en sus galpones u otras dependencias, pero en las grandes propiedades o en lugares que no poseían estos lugares, los trabajadores construían para ellos y sus familias una suerte de chozas hechas con palos, con hojas de maíz o chala en las paredes y con techo de chapa que -excepto la chala- duraban de un año para otro. Se estima que entre quinientas y seiscientas mil personas participaban de este tipo de cosecha. Luego la tecnología y la política terminaron con el trabajo del juntador de maíz, quién pasó al olvido...


 Una vez instalados los juntadores…

Comenzaba la cosecha o juntada, para lo cual se les proveía de un cinto confeccionado con tela de bolsas de arpillera, con varios ganchos destinados a enganchar la maleta; era un cinto bien ancho para evitar que sufriera la cintura del trabajador en el esfuerzo. También se les daba la maleta, que era un gran recipiente de lona de dos metros de largo y cuarenta centímetros de ancho y con su parte inferior hecha de cuero para resistir el desgaste por el arrastre sobre el suelo que se facilitaba cuando, por el roce continuo se ponía bien tersa y lustrosa. Otros elementos eran las bolsas de arpillera para poner las mazorcas o espigas de maíz y la aguja o púa que era una punta de hierro con una empuñadura para proteger la mano del continuo choque contra el filo de las chalas…

                                                        Juntador de maíz en un campo



 Para llevar adelante el trabajo, los juntadores formaban parejas o yuntas, ya sea de dos hombres o, en caso de familias, el marido y la mujer. Cada yunta tomaba a su cargo una parte del cultivo, que era conocido con el nombre de "la lucha" (de allí el dicho "estar en la lucha"). Eran 20 surcos para deschalar que se comenzaban desde el medio, dirigiéndose cada uno hacia el extremo de los surcos, arrancando con la púa las espigas a izquierda y derecha (de a dos surcos a la vez) y echándolos a la maleta que tenían entre las piernas, la que los obligaba a caminar todo el tiempo con las piernas muy separadas e inclinados hacia adelante. Cuando ésta se llenaba -unos 30 kilos-, la vaciaban en las bolsas que tenían preparadas al final del recorrido donde entraban hasta 100 kilos y repetían la operación llenando nuevamente la maleta y nuevas bolsas. Un juntador de maíz llenaba unas 15 bolsas por día y había unos pocos que eran famosos por llegar a las 20…


 Una vez terminada la "deschalada", una "chata rastrojera" tirada por caballos percherones recorría las luchas de donde se retiraban las bolsas que debían estar bien llenas y hasta con "coronita", es decir con las mazorcas sobresaliendo por arriba, para evitar que el chacarero rezongara. La chata las trasladaba a las cercanías de la "troja" que se estaba armando y, a medida que se descargaban, las bolsas iban quedando al costado de la misma. Al finalizar la jornada se devolvían al chacarero la bolsas vacías, se controlaban las que se habían llenado y vaciado y se anotaba cuidadosamente cuantas correspondían a cada trabajador…


(Continuará)



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