Municipalidad de Coronel Suarez

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sábado, 9 de junio de 2012

La Solemnidad de Corpus Christi en las… Colonias de antaño...

Y nuestros abuelos los trajeron en sus baúles…

Como un bagaje más de sus entrañables tradiciones y al erigir la iglesia levantaron en las cuatro esquinas del patio de la iglesia los Kapeller, simbolizando a cada una a los distintos sectores de la colonia… y cada año para la festividad de Corpus Christi, se ornamentaban con una suntuosidad y esplendor digno de tal solemnidad. Tal fausto acontecimiento que llamaba la atención de propios y extraños.

Aún tenemos guardado en el baúl de los recuerdos de la infancia la excitación que experimentábamos ante la magnificencia del acto religioso y el encantador espectáculo de los bellos Kapeller ornamentados.

En pueblo Santa María los primeros Kapeller se construyeron de madera en el año 1899 y duraron hasta el año 1944 los marineros del Graf Spee, que eran asiduos visitantes de la colonia, las rediseñaron haciéndoles de material, usando por primera vez en la colonia el cemento, pues las casas se levantaban los ladrillos con barro y un croquis hecho por los mismos marineros, de las cuales queda aún una en pie…


La ornamentación de los Kapeller era todo un arte, puesto que se ponía el mayor de los esmeros, que se traducía en una ostentación fuera de lo común y en una brillantez extraordinaria, tratando cada barrio de poseer el más decorado, utilizando para ello la más finas sedas de brocato, puntillas artísticamente elaboradas en exquisitas trabajos de encaje que pendían del interior de las paredes deshaciéndose en ondas e innumerables adornos, para los cuales se utilizaban sofisticadas y hermosas perlas de vidrio en colores que asemejaban un arco iris… lentejuelas reverberantes de colores, con las cuales se delineaban sobre el blanco fondo de las inmaculadas telas puestas con alfileres y chinches espaciales, diversos motivos que luego se destacaban exultantes de belleza rodeando el altar que era cubierto por manteles bordados con letras de oro.

¡Qué lindos tiempos aquellos que reverberan en nuestros corazones como un pájaro que revolotea alrededor de su nido!

Die Kapeller...

En las colonias ”die Kapeller” se erigen majestuosas y solemnes en el patio de la iglesia, desde el cual, amparada en su beatica soledad y en un profundo silencio, divisaba, protectora y severa, los cuatro puntos cardinales de la aldea, desde donde, en la festividad de Corpus Christi, todos los habitantes, niños, mujeres, ancianos y jóvenes, se aunaban en devota procesión, bajo un aura de misticidad que surgía desde su fe, desde sus cánticos, sus plegarias, a tributarle su adoración al Santísimo…

Die Kapeller en las colonias, son una fábrica de soledad como no hay otra. En cada rincón del patio de la iglesia, simbolizando a todo el pueblo, se hallaban las blancas capillitas rodeadas de árboles expresivos y de flores que traen a la memoria la flora extática del Beatífico; El aroma de la colonia, balsámico y pertinaz, era más intenso, como tónico que aceleraba la sangre en las venas, despierta las más hondas ideas, sacude al místico bufón que vagabundea por el cuerpo del hombre y, no obstante, unge los nervios de castidad y de templanza.

Un sacerdote con sayal del color de la tierra abre el portón; entramos. Dos hileras de “Engellier” (angelitos), guiaban a la comitiva con la dulce “Eucaristía” iba bajo el “Himmel”… 

A poco de estar en semejante lugar somos transportados a la mansa región de las ideas generales. Las pasiones y las querencias de la carne no concluyen nunca, en verdad; tal vez sigan inquietando nuestros cuerpos; pero aquí se intelectualizan, se convierten en conceptos puros y son más llevaderas. Siempre es menos dolorosa una teoría que un amor…

Va muriendo la tarde. El silencio es sorprendente: para los que de ordinario vivimos en medio del estruendo del cotidiano vivir, un instante de silencio nos suena a algo cristalino. Sobre la frente; el color blanco azulado del caserío favorece la blancura, la discreción del paisaje lejano. Por el contrario, cuanto hay en el recinto de los kapeller tiene esa crispación audaz que ha de hallarse en el rostro del místico al punto de saltar de la oración al éxtasis...

Se siente caer en torno la llovizna bienhechora del silencio, y elevarse de entre los árboles humaredas de paz...


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