Municipalidad de Coronel Suarez

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miércoles, 15 de febrero de 2012

Construcción en adobe: una vuelta a las raíces...

Una experiencia que busca resolver problemas habitacionales con el retorno a una práctica ancestral que, además, intenta mantener equilibrio con la naturaleza. El sábado, en Pueblo San José, comenzó un taller preparatorio impulsado por la docente Celeste Rekowski, quien inició así la construcción de su propia vivienda con este sistema.



Todos participan de esta especie de ceremonia colectiva que es la minga, pisando barro para mejorar la mezcla y confeccionar adobes acordes a la necesidad de esta forma de construcción natural.

Celeste y Federico, soñadores e impulsores de este primer taller de construcción en barro.

“Ya lo estoy queriendo/ ya me estoy volviendo canción/ barro tal vez...” cantaba el inolvidable Luis Alberto Spinetta y parece ser esa la posta que recogió Celeste Rekowski, una joven suarense que desde hace muchos años tiene el sueño de poder construir con sus propias manos y con adobe la vivienda de sus ilusiones.
 
Confiesa que desde los 5 años sueña con esta construcción amigable con el medio ambiente y que la historia familiar de viviendas levantadas en barro fue un incentivo para llevar adelante la idea, la que comenzó a motorizar al momento de adquirir un terreno en Pueblo Santa Trinidad para edificar allí su hogar. 
 

Luego de participar de algunos talleres de capacitación que hubo en nuestra zona, uno de ellos con el máximo experto en construcciones de adobe, Jorge Belanko, Celeste convocó a amigos e interesados y con la coordinación de Juan Ignacio Petrocelli en la mañana sabatina comenzó la “minga”, vocablo de origen quechua que designa a una antigua tradición de trabajo comunitario o colectivo con fines de utilidad social.
 
Precisamente Petrocelli, un maestro mayor de obras que casi ha dejado en el olvido las construcciones usuales para volcarse a este tipo de edificaciones, explicó que “si hacemos una vivienda con barro lo que estamos intentando es volver a las fuentes y utilizar a la misma naturaleza para construir nuestros lugares para vivir, ya que de algún modo estamos volviendo al sistema usado por nuestros antepasados y no lastimamos el entorno y preservamos el medio ambiente”.
 

Quienes apuestan a este tipo de construcción creen firmemente que el hogar debe ser un espacio de resonancia con la Tierra, ya que representa de algún modo a nuestro mundo interno y que construyendo viviendas con materiales como el adobe se retoma el contacto con la Madre Naturaleza utilizando todo lo que ella brinda.
 
“Lo importante es que, además, se produce un enorme ahorro energético y ni hablar de los costos monetarios”, advierte Celeste Rekowski, quien explica que la energía que se utiliza para hacer ladrillos o para extraer el cemento o la cal son muy importantes, mientras que para hacer adobes sólo se necesita energía humana. En cuanto a los costos informó que una casa tradicional que exija 100.000 pesos para su construcción, s se levanta en adobe costará entre 30 y 35.000 pesos.
Un trabajo comunitario
Al arribar al predio de calle Junín en Pueblo San José, donde se estaba llevando adelante la experiencia, la imagen realmente mostraba un trabajo comunitario llevado adelante por un grupo de jóvenes, pero también con el aporte de dos o tres mayores que con muy buena predisposición y entusiasmo se sumaron al proyecto.
 
Federico Daverio, uno de los promotores nos impuso de los detalles de lo que se estaba llevando a cabo mientras observábamos como las carretillas con tierra cernida eran llevadas por los participantes hacia un hoyo cavado en la tierra de unos cinco metros de largo por un medio y medio de ancho y un metro o algo menos de profundidad, en el cual la iban volcando para que cuatro o cinco voluntarios se dedicasen a caminar dentro del hoyo provocando la mezcla de la tierra con el agua y la paja para la conformación de un adobe que luego pueda ser transformado en ladrillotes de la dimensión que sea la más adecuada para la posterior construcción.
 
Daverio también apuntó que la idea que llevan adelante ha hecho que se interesase en la cuestión el área ambiental del municipio, que se sumó al proyecto como auspiciante.   
Petrocelli, con los pies embarrados pero con claras muestras de entusiasmo por la tarea, resaltó que este tipo de construcciones hoy ofrecen la misma seguridad que las construcciones tradicionales, superándolas en algunos casos ya que a los beneficios de lo natural se suma que se pueden aplicar los adelantos de la arquitectura moderna con el cual el resultado es altamente satisfactorio. Descartó de plano que una construcción en adobe, con los elementos  modernidad y con los parámetros actuales puede ser considerada como una construcción precaria o que no cumple con los requisitos de la vida moderna.
Mientras el trabajo continuaba de manera incesante y en un clima de gran alegría y compañerismo, Celeste Rekowski contaba  “los ambientes de una casa construida en barro son mucho más saludables, el adobe seca y regula la humedad y la devuelve de manera natural al ambiente, con lo cual nunca hay más humedad de la necesaria, con los cual hay menos riesgos de que los habitantes padezcan enfermedades como el reuma o asma”. La entusiasta joven destacó también las ventajas de aislamiento térmica que presentan estas construcciones, cálidas en invierno y frescas en verano, además de resaltar que es una construcción sin riesgos laborales y de la que puede participar toda la familia, aún los más pequeños.
Para tener muy en cuenta

En momentos en que acceder a la vivienda propia se hace cada vez más difícil, este tipo de construcción natural y ecológica proporciona la posibilidad del acceso a una vivienda a personas con menores recursos.
La cantidad de recursos  y materiales naturales que existen en el entorno, especialmente en nuestro país, hacen posible, mediante una capacitación, que los pobladores puedan mejorar su calidad de vida y al mismo tiempo no dañen el medio ambiente donde se desarrollan.
 
A pesar  que la construcción natural tiene una antigüedad de más de 10.000 años, en la actualidad se la considera un símbolo de precariedad y  marginalidad relacionado con los sistemas modernos imperantes, pero claramente no es así.
 
La construcción con materiales naturales símbolo de tradición y pasado, mediante la aplicación de tecnologías apropiadas puede hacer una construcción capaz de competir con amplias ventajas de costos y salubridad frente a otros materiales que la industrialización y el consumismo han desarrollado con mucho interés y gran publicidad.
Capacitar personas para  que tengan una salida laboral en la construcción de infraestructuras para viviendas sanas, confortables, que no contaminen el medio ambiente, con materiales no industrializados es una tarea a considerar.
 
El ejemplo de lo que sucedió durante este fin de semana con Celeste y el grupo de colaboradores  es más que válido y la demostración que no es aventurado ni delirante apostar a ese retorno a las raíces para amigarse con el medio ambiente y construir viviendas muy cercanas a la naturaleza.
 
Celeste Rekowski ha dado el primer paso de este camino y fue un placer poder estar ahí aunque sea un rato. La idea es seguir esta construcción en los pasos siguientes hasta que finalmente el sueño naturalista de esta joven sea una merecida realidad.
 
Ojalá el ejemplo se multiplique, seguramente la solución para muchas jóvenes familias estaría más al alcance de la mano.
 
Para finalizar, una letra/canción que es casi un himno a esta idea de la construcción natural: “... junte humanos presentes, bata, mezcle bien, sin que se peguen, condimente a gusto conservando la diversidad, mezclando sin que se pierdan las partes, agregue tierra, agua, paja, arena, madera, sacuda su cuerpo por unos días y desmolde entre todos juntos mirándose bien a los ojos. Para una buena presentación, sirva sobre la Tierra con guarnición de esperanza y serenidad”.

                                                                                                             Nuevo Día


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