Florentino López y su esposa. El fue Teniente del
V Cuerpo y custodio de los alemanes del Graff Spee en la decada del 40, se
conocieron en una noche de baile en el Club Hotel.
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Cooperativa Electrica
lunes, 14 de noviembre de 2011
Emotivo festejo... El ex Club Hotel de Villa Ventana cumplió 100 años
Conferencias por los cien años del Club Hotel de la Ventana
Se presentó en el Teatro Municipal el
Historiador Jorge Jordi. También fue reconocida la hija del Arq. Gastón Mallet
quién diseño el gran Hotel Casino.
Durante la jornada, se realizaron
charlas en conmemoración a los cien años de la inauguración del Club Hotel de la
Ventana (1911-2011).
Estuvo presente para este acontecimiento el historiador y ex
habitante del hotel Jorge Jordi que atesora un archivo con más de 6000
fotos y documentos históricos de la vida del coloso.
No solamente habló de la historia del hotel y su
inauguración, sino que también hizo referencia a la inserción de los
tripulantes alemanes del acorazado Graff Spee(Segunda Guerra
Mundial), que permanecieron internados durante dos años en el lugar.
Por otro lado hubo una sorpresa cuando se presentó en el
Teatro Dionisia Mallet Roth, hija del
arquitecto francés Gastón
Mallet, uno de los diseñadores del Club Hotel de la
Ventana.
Dionisia o Denis, nacida en 1931, reside en Nuevo
México(EEUU) y visita argentina con motivo de un relevamiento de las obras de
su padre y la presentación del libro “Manifestaciones Francesas en Argentina”
que se realizó en Buenos Aires y donde fue reconocida.
El Intendente Municipal Gustavo Trankels la distinguió con la entrega de un
presente pirograbado en cuero por el Artista Pedro Barret de Saldungaray, en el que aparece la imagen del hotel
y el recuerdo que textualmente dice “En reconocimiento a la labor de su padre
Arq. Gastón Mallet quién proyectó un sueño en este rincón de las sierras
bonaerenses”.
Editorial... El ser de la esperanza
Vivir es estar esperando algo, porque la vida es siempre posibilidad de un encuentro o de un acontecimiento. La actitud esperanzada es una postura que define al hombre: el ser de la esperanza. Cuando un hombre pierde la esperanza de alcanzar lo que desea, inmediatamente comienza a desear otra cosa. El ser humano es un ser esperanzado: que la salud mejore, que la operación salga bien, que la situación económica prospere, etc. etc. El hombre espera hasta el último instante de su vida. Aún en el lecho de muerte sigue esperando la salud, el bienestar, la paz, o la compañía de un ser querido. Y espera incluso allí donde las apariencias o ciertos razonamientos le demuestran que la esperanza es vana e ilusoria. Vivir es esperar porque no podríamos seguir viviendo sin creer en el mañana, sin mantener la confianza, sostener la ilusión y anticiparnos gozosamente al futuro soñado.
Hacer posible lo que se espera...
Esperar es también una actividad, porque a hacer realidad lo
que esperamos dirige nuestro accionar. Esperando, el hombre se desvive por hacer
posible el objeto de su deseo. Porque el que espera algo no puede permanecer en
actitud pasiva simplemente aguardando que quizás sobrevenga lo que desea, sin
proponerse intervenir en el fluir de los acontecimientos. Pero no es lo mismo esperar una respuesta, un llamado
telefónico, la conversación de un ser querido, o un mundo mejor para nuestros
hijos. Ni es lo mismo esperar apostando a la fuerza incontenible del amor, que
ser iluso y albergar vanas esperanzas. Nuestra actitud ante lo que deseamos que
acontezca no puede ser la de aquellos que dicen: -Algo tiene que pasar porque
las cosas no pueden seguir como están, pero yo no voy a intervenir porque lo
que yo haga nada va a cambiar-. Es una equivocación pensar que debemos “esperar
sentados” a ver que pasa, en actitud inerte y sumisa. Cuando lo que esperamos
tiene su fundamento en los verdaderos valores de la vida, ella se hace de
verdad esperanza y se convierte en un hacer promisorio que vislumbra una meta
al final del camino.
“El que espera, desespera”
dice el refrán, porque es verdad que en muchos casos hay que
armarse de paciencia y dejar que el tiempo transcurra. Pero más aún “dejar de
esperar es desesperar”, porque esto significa perderse en un accionar que se
torna vano y estéril. Pero el hombre puede sostenerse en la espera y saborear
anticipadamente su don, lo cual sucede cuando la ilusión de creer surge de la
inmensidad de su corazón, que en cada latido expresa fe y esperanza.
“Cuando un hombre sabe adonde va, el mundo se aparta para dejarlo
pasar”...
Muchas personas tienen la convicción de que
una de las principales causas del fracaso, la desdicha y la tensión nerviosa,
es la incapacidad de tomar una decisión concreta. La capacidad para tomar
decisiones nos infunde confianza, libera energías y hace que los demás nos
respeten. No es indispensable que todas nuestras decisiones sean acertadas;
hasta los más inteligentes cometerán errores. Pero quien desea tener éxito debe
estar dispuesto a tomar decisiones, a arriesgarse y seguir adelante.
Así debe ser con la honradez...
Una
persona debe decidir de una vez por todas si verdaderamente va a ser honrada. A
partir de ese momento la tentación de no serlo o de mentir ya no le afecta.
Muchos asuntos pueden resolverse por medio de una decisión única. Quien
desea tener éxito debe aprender a creer, porque el aprendizaje es
indispensable. También tuvimos que aprender a andar; al principio nos caímos
muchas veces, pero podemos andar hoy porque continuamos ensayando después de
cada caída.
Hay algunos medios simples...
que pueden
guiarnos para adquirir el tremendo poder de la esperanza. No es fácil aprender
a creer en el mañana, más si uno está enfermo, más a medida que pasa el tiempo,
advertimos como la magia de la fe obras maravillosas transformaciones en
nuestra vida.
Héctor Maier Schwerdt






