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domingo, 18 de diciembre de 2011

El Capitan del Graf Spee: Hans Langsdorff... El Caballero de los Mares...



La historia nos enseña que hay hombres predestinados a cumplir una determinada función en su vida, la que comienza un día marcado y en un lugar indicado por un extraño poder, que nunca llegaremos a comprender. El Capitán de navío Hans Langsdorff, fue uno de los elegidos por su destino. En 1939, el capitán Langsdorff dio al mundo un ejemplo sin par de la integridad personal y la compasión humana en la crítica militares en tiempo de guerra, pero no informado, han pasado por alto su verdadero valor.           

Prince of Honor detrás de las escenas y revela los verdaderos problemas y las decisiones que se enfrentó al capitán Langsdorff. Evidencia documentada muestra claramente que él siguió sus órdenes, cumplido fielmente con su deber y mantuvo su código personal de honor y la decencia.

Fue necesario destacar una escuadra de vigilancia en desmedro de la flota inglesa. En total se movilizaron para esta tarea no menos de 23 navíos: cuatro acorazados, catorce cruceros y cinco portaaviones.

Entre septiembre y diciembre de 1939, el Admiral Graf Spee había hundido una cantidad importante de buques mercantes en el Atlántico sur y el océano Índico. El capitán del Admiral Graf Spee se adhirió estrictamente a las reglas militares relativas al ataque a mercantes, poniendo a salvo a la totalidad de la tripulación de los barcos atacados. No se perdió ninguna vida en ninguno de los hundimientos. La mayor parte de las tripulaciones de los barcos fueron transferidas a su buque de apoyo, el petrolero Altmark.

Cabe destacar que los POWS (prisioneros de guerra) fueron tratados con bastante consideración por parte del capitán Hans Langsdorff, y más tarde estos mismos devolvieron las atenciones cuando desembarcaron en Montevideo acompañando a los restos de los caídos en combate en el cortejo fúnebre.

Ya en Buenos Aires, el Cap. Langsdorff entrega la tripulación, la que queda bajo tutela del estado argentino, recibiendo alojamiento, alimentación etc. y la simpatía de la colonia alemana. Langsdorff, ya nada más puede hacer, ni por sus hombres, ni por su patria. Con profunda tristeza recuerda su hijo Johen, a su pequeña Ingrid y su esposa Ruth, escribiendo una carta de despedida. Otra carta a sus superiores, explicando su resolución final, con la frase «para un capitán que tenga sentido del honor, el destino propio no puede ser diferente al de su buque». En el silencio de la noche porteña, mezclado al ruido de grúas, bocinas y vehículos en el muelle, pasa desapercibido el seco sonido de un disparo. El Cap. Langsdorff, ha terminado su carrera, con la conciencia tranquila de haber cumplido su deber, y como él lo dice: «me voy con mi Dios»… 
Reconocido por todas las Armadas del mundo como uno de los comandantes que defendió las más antiguas tradiciones marineras. Prefirió hundir su nave antes de derramar una sola gota de sangre deÿþ su tripulación. Se asumió a sí mismo como único responsable de hundimiento de su nave, pidió amnistía para su tripulación y se suicidó envuelto en la bandera de la armada imperial, no con la nazi.



Para terminar, a modo de ejemplo, dos hechos que hablan por sí solos. Conocido el suicidio, desde Montevideo viajó a Buenos Aires uno de los capitanes mercantes ingleses junto con varios marineros, portadores de una corona de flores para su sepelio, en nombre de « Los Capitanes Mercantes Ingleses». El Capitán Patrick Dove (del África Shell) siendo prisionero de Langsdorff, entabla una verdadera amistad con él, no solo llora su muerte, sino que años más tarde escribe un libro sobre esta experiencia, cuyo sugestivo título es « Fui prisionero de un caballero».

La tripulación a salvo…

Apenas llegados al país, los 1.055 marinos recalaron en distintos puntos del país. La isla Martín García fue el destino de unos 300 oficiales y suboficiales, que después serían trasladados a otros destinos. A Mendoza fueron 100 marinos. Córdoba fueron unos 250. A Santa Fe fueron trasladados otros 200 y el resto a las provincias de San Juan y Buenos Aires.

El destino de los marinos enviados a nuestra provincia fue el viejo hotel de Sierras de la Ventana. Y allí se comienzan a entretejer los hechos verídicos con la fantasía que generaron las misteriosas historias que aún hoy se cuentan en nuestra región sobre los tripulantes del Graf Spee.

Y nosotros los conocimos, especialmente en la Colonia Tres, donde unos 30 marineros habían hecho una gran amistad. Y se produjeron varios casamientos, daban obras de teatro, levantaron de material los tradicionales «Kapeller» que eran de madera, etc.etc.
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