Municipalidad de Coronel Suarez

Municipalidad de Coronel Suarez

Cooperativa Electrica

Cooperativa Electrica

domingo, 28 de agosto de 2011

1941 – 28 de agosto - 2011... 70 años del genocidio de los alemanes del Volga



  La República Autónoma de los Alemanes del Volga fue aniquilada en agosto de 1941 y cerca de 1.500.000 alemanes del Volga fueron deportados, incluyendo todo habitante de la URSS que fuese de ascendencia alemana, aún los oficiales del ejército soviético. Hace setenta años, se deportaron nuestros consanguíneos étnicos que vivían en el Volga a Siberia y otras regiones remotas del polar ártico y debieron afrontar un largo camino de represión y aniquilación bajo el gobierno comunista…

Ante la ofensiva del ejército nazi en la Unión Soviética y llegando sus avances a Stalingrado, ubicado casi en el centro del asentamiento alemán de Rusia, y situado a 250 kilómetros al sur de la República Germana del Volga, el gobierno bolchevique desterró a toda la comunidad alemana a Siberia…

El decreto del Soviet Supremo del 28 de agosto de 1941, anuló la república Alemana del Volga, excluyó a sus habitantes de los derechos civiles y políticos, les quitó la ciudadanía  y ordenó su deportación masiva…

Acusados de espías y agentes nazis, el ejército rojo inició las represiones; miles de dirigentes fueron capturados y fusilados; toda la población fue deportada, arrancados de sus hogares; los  cargaron como animales en vagones de carga, incluyendo todo habitante de ascendencia alemana aún los oficiales y soldados del ejército ruso; los que no fueron fusilados, fueron condenados a trabajos forzados, muchos murieron de hambre y de frío. Fueron literalmente borrados del mapa y nunca se los mencionaba, estaba terminantemente prohibido visitarlos. Ni siquiera se reconocía que existían. Ellos habían sido formalmente abolidos. Eran víctimas de la política de la xenofobia…

Se destruyó toda la república Alemana del Volga  y la población deportada fue diseminada en extensas regiones de Siberia. Una extensa concentración se deportó a Alma-Ata, ubicada cerca de la frontera con China y que fuera lugar tradicional de deportación, tanto por parte de los zares como de los bolcheviques; otros a Vorkuta, popular o impopular, pues en sus proximidades se encontraba el más terrible de los campos de concentración de los comunistas, y en la región ártica de Kolima y otros lugares...

Nada se sabe hasta hoy todavía de la suerte de unos 300.000 mil descendientes de alemanes que vivían en Rusia. Murieron en los campos de concentración o fueron muertos y sus cuerpos hechos desaparecer…

Otros pueblos compartieron su suerte: los Tártaros, los  Kalmucos, etc. Estos desafortunados trasplantes constituyeron colonias de “pueblos perdidos”. Recién en el año ’56, por gestiones del canciller alemán Adenauer les levantaron las penosas restricciones que les habían impuesto, y en el año ’64 le devolvieron parte de sus derechos, pero sin volver a la restauración de la República Autónoma Alemana del Volga…

Muchos sobrevivientes de este holocausto permanecen en Rusia o han emigrado a Alemania. Su historia, y la historia de aquellos que no sobrevivieron, merecen ser conocida, mediante los testimonios de aquellos que vivieron la dramática vivencias vividas en el libro “Deportación a Siberia”, que se está reeditando en su tercera edición 

  TESTIMONIOS

1)…Hacía tanto frío, que las cobijas se quedaban pegadas en las paredes de chapa de los vagones; y leña para la cocinita había poca, para no decir nada. Y en cada parada, nosotros a quienes nuestros padres nos habían enseñado a “no robar”, teníamos que salir  “a la pesca” de leña o carbón para la estufa. Muchos niños y ancianos fallecían de hambre  y de frío. Once días estuvimos así, de viaje. En cada parada desenganchaban 1 o 2 vagones y así diseminaron por toda Siberia a los alemanes del Volga, ya que cuando el convoy había salido estaba compuesto de 50 vagones. Fueron muchos años de soportar penurias y sacrificios, hambre y desolación. Nos trataban muy mal y la comida era muy mala y escasa. Las noches y los días nos parecían eternos”.

2)…La vida de una de ellos es un calco de todos los descendientes de alemanes del Volga de Rusia, fue un calvario. Vivir era sufrir el rigor del invierno siberiano. Ellos no poseían nada y no eran nadie. Eran nada más que prisioneros en un campo de trabajos forzados y como tales fueron tratados... casi hasta el exterminio, porque sólo algunos lograron sobrevivir y contar la historia al mundo.

3)…Pero a pesar de todos los contratiempos y de tanto pero tanto dolor, el espíritu y la fuerza de voluntad de los alemanes del Volga nunca logró ser doblegado. La fe la mantuvo en pie. Fe en Dios, en sí misma, en la esperanza en un mañana mejor, que son paradigmas ancestrales de la raza alemana. “Había momentos en que casi no me podía mover del cansancio y del hambre”, confiesa con un hilo de voz que se asemeja a un susurro mientras sus pupilas estallan en lágrimas. “Pero el deseo de vivir y la esperanza hacia una vida mejor eran muy grandes”, logra murmurar luego de un silencio que le permitió reponerse ante el acoso de los recuerdos que todavía la lastiman. “Me ayudaron muchísimos los rezos y los cánticos religiosos. Rezábamos antes de dormir y antes y después de todas las comidas y también a la mañana cuando nos levantábamos”, concluye dejando traslucir en el murmullo de las palabras alemanas y en el apergamino y sufrido rostro, la luz de la fe. Esa luz que también la iluminó en la noche más oscura y en los días más negros de la deportación a Siberia.

Extractado del libro “Deportación a Siberia” de Héctor Maier Schwerdt

Publicar un comentario