Municipalidad de Coronel Suarez

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Cooperativa Electrica

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sábado, 30 de julio de 2011

De la Universidad de La Plata… Actividades del seminario “Prácticas Escriturales”… por Melany Jael Kuhn-Maier... Entre recetas y retratos


Entre recetas y retratos

Receta:“Wickelnudeln” (arrolladitos de la abuela)

INGREDIENTES: -1 Kg de harina leudante, -1 huevo, -Soda o leche rebajada con agua, -Pizca de sal, -Aceite
PREPARACION: En un bol colocas la harina, haces un huequito en el medio para volcar ahí el huevo y la soda o leche rebajada con agua, después le agregas la piza de sal y mezclas todo haciendo una masa, dejas levar.
Después tenes que estirar con un palote la masa y untarla con aceite, también espolvorearla con un poquito de harina. Doblas arrollando hasta el medio, desde un lado y el otro.
Haces una salsa aparte, puede ser con cebolla, morrón, los condimentos que más te gusten, y mientras se va haciendo, vas cortando la masa en pequeños arrolladitos y los sentas en la salsa para que se vayan haciendo junto con la salsa. Separas una parte de salsa así después cubrís los arrollados y los servís.
Esta es una variante pues la mayoría de las veces se las hace con Chucrut

RETRATO

Quien me enseño la receta es mi abuela, se llama Marta, tiene 68 años y vive con mi abuelo Héctor en una colonia alemana que se llama “Santa María”, también es conocida como “Colonia 3”, al ser la tercera colonia en relación a la distancia de la cuidad de Coronel Suarez, a unos 15 km. Cabe decir que la cocina es su fuerte, no hay domingo en el que no nos juntemos en familia a degustar alguna de sus delicias alemanas. Típica señora de la casa que barre la vereda y tiene un jardín de ensueño, donde cada planta tiene un trato especial. Su inconfundible olor a perfume dulce y sus pañuelos al cuello, su manera de caminar en pasitos cortos. Recuerdo escucharla arrastrando las pantuflas trayéndome mate a la cama y escuchando de fondo en su vieja radio una típica canción alemana “Du bists net schön” que nos hacía reír mucho. Mujer respetada por su trayectoria en la cocina y por su forma de ser tan particular, una persona que siempre dice lo que piensa y siente, donde su inocencia y sensibilidad surgen sin avisar… Un recuerdo de Sinatra por allí ha de quedarle...

Casada con Héctor Maier, historiador con una historia compartida, su afán de reafirmar y sostener las raíces y costumbres y tradiciones de nuestros descendientes, los alemanes del Volga… Ella fiel compañera en sus aventuras y desventuras, como una estaca supo cuando hacerse de acero, paciente como si el tiempo pasara en cámara lenta. Madre de 3 hijos, siempre presente y preocupada por su bienestar. Strudell, Krepels, “80 golpes” y las tardes de burako y 15 escoba con porotos. Amante del buen comer y el cafecito en la sobremesa. Trabajó en una hotel/estancia como cocinera donde solían transitar personas de origen y descendencia alemana, llegando a cocinar para 100 personas y más tarde en casamientos y cumpleaños… Mujer. Madre, esposa, amiga, trabajadora, vecina y amante de la limpieza. El inconfundible aroma a jazmín en su casa y la caramelera siempre repleta. Pituca, simple, tradicional, son su propio estilo, de ojos azules y gran corazón. Su infancia y la escuela de monjas, su gran amor y el casamiento a los 19 años, la dulce espera y sus 8 nietos y un bisnieto… 

Manos arrugadas del paso del tiempo y un libro de anécdotas… Maestra de cocina y yo espectadora de su arte… cuadernos completos de recetas exóticas y secretos que traía mala suerte develar... Única en la elección de regalos, creativa hasta en su manera de hablar, esa mezcla de dialecto alemán con castellano que en más de una ocasión ameritaba una sonrisa cómplice cuando la conversación podía leerse... Extrovertida, soñadora con sabiduría de antaño. Costurera y tejedora de grandes cuentos acerca de fragmentos de su vida... Detallista e insistente con los modales y cuando había que usar los patines sobre el piso encerado. Un canto a la vida, al esfuerzo, un tesoro compartido, regado por cada rincón, una enseñanza, una voz, un aliento… la misa de los domingos y la preparación de su escenario, trabajo matutino secándose al sol y el aplauso al concluir el postre…
 
Sus cabellos rubios y de ondas, finos labios y un delantal… el palo de amasar y los frascos etiquetados, la harina esparcida en la mesada y la degustación de las salsas… la canasta de las compras de colores chillones, las papas al disco y el mantel… Vivió su infancia en el campo, se acuerda de la música de la naturaleza y el mate cocido. Siempre deslumbro con su belleza y se enamoro a primera vista… Joven espíritu perdurable... Hoy reconocida en el pueblo por su carisma y buen humor, sumergida en la tranquilidad en una antigua y rustica casa en una esquina con mucha historia. 

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