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jueves, 19 de mayo de 2011

Padre Clemente Ruppel: Hijo ilustre de la colonia tres (Santa María)


Hombre de noble prosapia literaria. De pensamiento profundo y filosófico. Grande en la prosa, inmenso en la poesía. Dejó en herencia un bagaje cultural trascendente e inigualable. Rendirle tributo a la memoria del Padre Clemente Ruppel es un honor y un deber de todos los colonienses

El Padre Clemente Ruppel nació en pueblo Santa María el 12 octubre de 1913. Iniciando su noviciado en la S.V.D. el 1º de marzo de 1932. En 1934 emite sus primeros  votos en Rafael Calzada. Y se consagra definitivamente a Dios el 1º de marzo de 1938. En tanto que el 30 de noviembre del mismo año es ordenado sacerdote.

En su recorrido misionero que abarcó distintos lugares de la república siempre destacó su síntesis reflexiva y su sensibilidad humana, que se vio plasmada en nuestro medio a su paso por el Hospital y Asilo de Coronel Suárez, en donde desarrolló durante algún tiempo labores pastorales, cumpliendo con el mandato divino de predicar con el ejemplo.

Cuya orden asimismo cumplió en Jujuy, Pilar y en Vatteone, en donde estuvo en dos momentos distintos de su vida, trabajando con gran ahínco por las niñas del Hogar, huérfanas y abandonadas por la sociedad, a quienes les ofreció el amparo de un Padre y la ternura de un sacerdote amigo. Además fue Prefecto de Alumnos en Esperanza y Consejero Provincial.

Pero el Padre Clemente Ruppel también fue un eximio escritor, publicando varias obras literarias en que se conserva su decir pulcro, profundo y reflexivo, por los cuales fue admirado y distinguido. Dejando para la posteridad, no solamente sus ejemplos, su conducta intachable, sino un cúmulo de obras en que mediante su pluma dejó indelebles trazos que conjuntamente con sus obras materiales inmortalizan su inigualable alma.

Falleció el 5 de noviembre de 1990. Las honras fúnebres tuvieron lugar en el Cementerio de pueblo Santa María, previa misa concelebrada por 13 sacerdotes, con la presencia de representantes de la comunidad, familiares y amigos, como asimismo del Intendente Municipal y concejales del Distrito de Coronel Suárez.

He aquí bellos y profundos textos surgidos de la exquisita y culta pluma del Padre Clemente Ruppel

Balas perdidas

1.- La flora del pesimista se reduce a un solo árbol: el ciprés del cementerio.
2.- El mediocre, ante todo con mando, tiene aptitud de sepulturero.
3.- No existe palabra en el mundo que no haya intervenido en una mentira.
4.- Un gorila que vio a los hombres reírse sin ton ni son, supuso que en ello residía la dicha terrena, y resolvió adquirir esta extraña habilidad. Los ensayos fueron muchos; los progresos, lentos y sumamente trabajosos. Supo de contorsiones violentas, de depresiones nerviosas y de ataques al hígado. ¡Cuánto costaba reírse! Pero el hecho es que a fuerza de insistir, logró su objetivo. Y se reía, insolente y feo, con la soltura y la perfección de un cristiano. Sólo no se explicaba una cosa: cómo, con la risa, había aprendido a llorar.
5.- Si el hombre tuviera cola, la usaría – sin duda alguna – para enredar a sus semejantes.
6.- Los superhombres tienen a menudos pies de barro, y no siempre se conforman con dos.
7.- De tanto mostrar la espalda a Dios, al ateo le nacieron dos alas en los hombros. Se valió de ellas para ganar altura, y precipitarse a los abismos.
8.- De cada diez perezosos, ocho mueren en cama, y los dos restantes, sentados.
9.- Para cárcel segura, no hay como la del egoísta: carece de toda salida.
10.- En los discursos de los políticos se trasluce siempre la vaciedad del corazón, y a menudo la del bolsillo.
11.- Con los impecables no hay Dios ni diablo que pueda.
12.- No hay cosa más parecida al círculo, símbolo de perfección, que el cero.
13.- El lector que se zambulle en un libro pornográfico, para descubrirle méritos y enseñanzas, se parece a la gallina que las emprende con la deposición de un caballo. Picotea, escarba y desmenuza y se empuerca, con la esperanza de topar con algún grano. Sucio, desde luego.
14.- -¿Quieres un par de alas?        -Gracias. Me son un estorbo para el barro, contestó el sapo.
15.- Toda zarza que nos sujeta, nos ofrece la corona de Cristo.
16.- Entre un fariseo y un payaso no hay diferencia en cuanto al fin que persiguen: ambos viven para el público.
17.- Sólo los santos mueren. Los demás, perecen.
18.- Este era un buscador de tesoros, siempre apurado, que no dejó galería sin explorar. Cierta vez se internó, con su apremio de siempre, en un pequeño corredor oscuro, nunca registrado, y con tan mala suerte, que no dio más con la salida. Su apuro quedó resumido en esta frase: “Descansa en paz”.
19.- ¿De qué se muere? Las más de las veces de una dosis exacta de remedio.
20.- La envidia levanta su casucha sórdida al pie de las montañas. Cuando el sol naciente dora los cerros, ella trata de impedir su brillo, lanzando a los aires puñados de polvo finísimo. Este polvo lo obtiene de las mismas piedras que desmenuza con diente infatigable. Pero la montaña lo ignora. Piensa que esas chispas de oro que descienden sobre sus laderas, son un regalo del sol.

(Continuará)
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