Municipalidad de Coronel Suarez

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martes, 16 de noviembre de 2010

Helmut Ditsch… el mito… 2ª parte


 “Mi vida es más normal de lo que cualquiera imagina. Se puede comparar con la de un obrero, la de un obrero intelectual. Bah, no tanto, porque gran parte del trabajo es corporal, similar a mis tiempos de montañista, también. Y ahí tengo una rutina en las que debo trabajar que es más normal de que la gente cree…

En cuanto a las horas que paso aislado: puedo estar dos meses sin contacto con la sociedad. Pero eso sólo lo hago cuando trabajo en formatos importantes. Hace 15 años que no me tomo vacaciones, que no paro. Cuando necesito respirar nuevos aires, vengo a la Argentina a cargar baterías. Y Mendoza, el desierto mendocino es mi lugar preferido para hacer cable a tierra…

Mi cuerpo sabe cuando llegué al objetivo, tendrá mucha satisfacción por la recuperación. Hay días en que me concentro para hacer las cosas más difíciles o más grandes y pongo mis energías sólo en eso. Cuando me concentro en el trabajo estoy súper motivado: no tengo hambre, tengo endorfinas, esa droga natural que el cerebro produce, estoy en un momento pleno de vida, me encuentro en una dimensión metafísica. Después de una determinada cantidad de horas de trabajo, ya no siento dolor ni inquietud… me divierto”…

Su arte…

“Ahora, mis claustros son sólo de dos o tres semanas, hago una pausa o me impongo un cambio. Una obra de arte es un ente complejo, que, cuando se hace realidad, se independiza del artista y se vuelve universal. Hay un punto en el que todo está en equilibrio: ahí me doy cuenta de que la obra está lista. Una pincelada más… y se pierde. 
 Algo me dice que ya tiene vida propia. No es que tenga que pensarlo: tengo memoria fotográfica y puedo ver todo de manera tridimensional. Nada es arte desde el comienzo. El arte existe para sentirnos vivos…

No hay alegría sin dolor…

Porque soy optimista por naturaleza, voy para adelante. El destino que recibiera dos golpes muy fuertes en mi vida: primero la muerte de mi madre, y el año pasado, el fallecimiento de mi esposa Marion, que todavía sacude mis cimientos emocionales y racionales. Y, sin embargo, no pierdo la esperanza. La vida es tan rica que me seduce constantemente. Tengo, en mi camino personal y las tragedias que me toca vivir, ojos para ver que la vida sigue. A todos nos toca llorar y reír en algún momento. Eso es la vida…

Con respecto a la creación, lo que pasa es que en cada artista hay una tragedia, una melancolía que es necesaria para crear, porque si en tu vida fuera todo bien, no hay incentivo, dice y gesticula en castellano y en alemán…

La creación es una búsqueda…

Es encontrar la armonía perdida. De hecho, nunca fui al psicólogo. Mis terapeutas son mis pinceles, el caballete, el piano. Eso es lo bueno, lo sano del arte. Y eso me salvó muchas veces. Ahora, con el fallecimiento de mi esposa, lo único que puedo hacer es seguir pintando. Lo demás no tiene sentido. Estoy planeando como un avión… no estoy cayendo de un precipicio sino haciendo un descenso suave. El avión que soy, está sostenido por mi actividad creativa, que no se detuvo, sino todo lo contrario...

Con la experiencia de haber estado con mi esposa al momento de morirse, volví a hacerme las preguntas que me formulaba de chico. Sé que soy demasiado neófito para entender que es la vida y qué es la muerte. No estoy seguro de nada. Pero si un agradecido de haber vivido estas cosas, las tristes también. No sé hacía donde voy no por donde llegaré. Ni me importa. Los lugares que conocí, incluso en forma metafísica, fueron siempre ricas en situaciones emocionales. Nunca me aburrí de la vida… Y eso es fantástico”. 

Ditsch reparte hoy su tiempo entre sus atelieres de Viena e Irlanda.  Que cuando no está en el corazón de la naturaleza -donde no necesita absolutamente nada para estar en equilibrio- sino en la civilización, necesita estar rodeado por cosas bellas, por arte. En agosto de 2010, Ditsch batió el récord histórico de cotización para una obra de arte producida por un artista argentino: "Mar II". El comprador es de Andulicía, España, y abonó 865.000 dólares.

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