Municipalidad de Coronel Suarez

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viernes, 19 de noviembre de 2010

Conducta humana...



Demasiado frecuente es en nuestros días el espectáculo de hombres que fraccionan la vida a su particular acomodo. Solo en los casos en que así conviene a sus propósitos egoístas siguen la voluntad de una vida con ética y moral. Los negocios, la profesión, el hogar, la sociedad ocupan en la existencia de esos hombres sendos compartimientos independientes.

No hay dos normas de moralidad. Esta norma abarca todas las relaciones del hombre, consigo mismo y con el mundo que lo rodea. Por su propia naturaleza excluye la doble moral que no tan solo induce al hombre a vivir en dos niveles diversos, sino que lo arrastra a creer que puede hacerlo sin mengua de los principios morales. Esa dualidad en la manera de vivir explica la escandalosa anomalía de traer siempre en la boca el nombre de Dios y vivir diariamente en completo desacuerdo con sus preceptos.

 La moral única establece un dechado claro, positivo, completo para la vida virtuosa. Presta integridad de miras y de acción a la vida diaria. En existencias regidas por esta moral no habrá “la vida de los domingos”, en la cual se honra a Dios por el breve espacio de una hora, mientras dure la misa, y la vida de la semana, en la cual se echan en olvido los mandamientos, los restantes días.

Antes bien, tan integradas se hallarán las modalidades todas de una existencia así, que la norma por la cual se rige el individuo en el orden privado, será lógicamente la misma que lo guíe en el orden social. De tal manera, si es fiel a los principios morales como individuo, fiel será a esos principios como ciudadano y también en todos los actos de su vida miembro de la sociedad.

Héctor Maier Schwerdt
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