El
sol emergió sobre un horizonte de colores púrpuras, esfumando en tonos
amarillentos los extensos campos y los verdes trigales cuajados de rocío. La
vida surgió por doquiera. Los pájaros exultantes de libertad surcan el cielo en
bandadas. Todo es un renacer de esperanzas. Dios está en cada poro de la
naturaleza. Y en el medio de tanto paroxismo se asienta, pacífica y serena, la
colonia...
Una
pequeña comunidad de alemanes del Volga que, a pesar de la hora temprana, ya
exhibe movimiento. Se escuchan voces. Se percibe el rumor de místicos aleluyas
y cantos religiosos. Y por momentos se oye el apaciguado susurrar de rezos que
se elevan al cielo del amanecer como el dulce musitar de ángeles. Son los
fieles de la localidad que, devotos, y bajo un limbo de beatitud, marchan en
procesión, unidos en una sola voz. Lenta y pausadamente. Sus pasos lánguidos
dan la marcha justa para que las letanías puedan desgranarse en su compás
exacto…
Los
murmullos de las oraciones ascienden sin dejar rastro en los aires, semejantes
a las de los pájaros que no dejan señal de sus plumas en el viento…
La
devota comitiva, precedida por rubios querubines, se detiene ante una cruz
erigida en uno de los tres puntos cardinales de la aldea. Allí oran y el
sacerdote toma la palabra: juntos tributan su gratitud al Señor por los dones
recibidos durante el año y piden la protección de Dios para la próxima cosecha.
Los cantos, los rezos y las letanías se redoblan. El sacerdote eleva sus manos
al cielo mientras el sol del amanecer surge en todo su dorado esplendor. Luego
riega los aires con agua bendita…
Retemplados
en sus corazones, en paz con Dios, los creyentes vuelven sobre sus pasos. Se
dirigen rumbo a la iglesia. El día, en tanto, alumbra en los rosales las gotas
de rocío, y despierta a los pájaros en las arboledas…
Y
así por tres días seguidos visitando las tres cruces ubicadas en tres sectores
estratégicos aledaños a la localidad. Son las Rogativas. Una tradición
ancestral de la colonia y de los descendientes de alemanes del Volga.
Héctor
Maier Schwerdt
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