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viernes, 6 de diciembre de 2013

Una mirada distinta en un viaje por Alemania. Por el Profesor y escritor Horacio Walter (IV parte)...

Los muros siempre se han hecho para separar o para ocultar. Tanto más altos como para impedir que o bien los “de dentro” salgan o los de “fuera entren”. O que “los de fuera” no vean lo que sucede en “el adentro”. A lo largo de la historia, esos muros han existido. Es la muralla de China, son las pequeñas pircas que vemos de tanto en tanto en nuestro interior como herencias incaicas. Hoy existen muros que separan culturas (Israel, Palestinos, o México y Estados Unidos; o en algunas ciudades nuestras, existen esos muros que también separan miseria y riqueza, o aquel muro de los años 50 que dio origen a una hermosa película argentina: “Detrás de un largo muro”, de Lucas Demare.

A veces esos muros son signos de vergüenza histórica y que a la vez mantienen la memoria de lo que fue la división profunda que el mismo muro implicaba.

Eso es el Muro de Berlín, que felizmente cayó el 9 de noviembre de 1989. Sin embargo, hasta esa época significó  la vergüenza. El muro cayó y se abrieron las grietas profundas y esa apertura significó también la reunificación de Alemania. Hoy el muro no existe en toda su longitud  sólo quedan aquellos trozos  que – por su presencia - nos permiten mantener la memoria. En las  se mantiene  una línea hecha con piedras o pinturas por donde el muro pasaba:



 


O también algún trozo, más bien decorativo a la entrada del Sonny Center en la zona más moderna de Berlín  (Postdamer Platz). Estas vistas de la calle y las marcas se encuentran en la Puerta de Brandeburgo.
Existe una zona donde hay un largo trozo del muro. No es nada del otro mundo. Son bloques de cemento no muy altas que tenían por función separar el Este del Oeste, la parte rusa de las partes distribuidas entre los Aliados y luego entre los rusos y los alemanes occidentales. Y con la construcción del muro se comenzó a controlar el tráfico de uno a otro lado de la ciudad, dejando familias divididas y no solamente ideas distintas divididas por el muro. Las historias del muro son terribles y vale la pena que el lector revise por su cuenta lo que ha sucedido en esa época, a partir de 1961 y hasta 1989.


Tanta sangre como lágrimas encontraremos a cada lado del muro. Este tuvo una longitud de más de 120 km con una altura de 3,50 metros, construido con bloques de 1,5 metros cada uno y así fue formando la barrera. Cada tanto, casetas de vigilancia y torres de guardia desde donde se disparaba a quienes intentaban cruzarlo desde el este. Las imágenes que vemos a continuación corresponden al memorial del muro donde en la parte superior se observan sus restos y, por debajo, excavaciones que tienen que ver con el proceso terrorífico de la Gestapo y de la política nazi antes del final de la guerra.





 
A este lugar se lo llama la Topografía del terror porque se encuentran las ruinas del muro y los cuarteles de la Gestapo, el lugar más temido del régimen nazi. A pocas cuadras se encuentra el punto de control denominado “Checkpoint Charlie” ya que era una de los tres únicas entradas/salidas que existían en Berlín para pasar de uno al otro lado. Lo único que queda es una imagen de la caseta de guardia donde grotescos disfrazados de soldados se toman fotografías. Evidentemente, no han entendido lo que ese punto significó.


(Continuará)


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