Municipalidad de Coronel Suarez

Municipalidad de Coronel Suarez

Cooperativa Electrica

Cooperativa Electrica

domingo, 22 de septiembre de 2013

Un premio, todos los premios… “CADUCEO 2013”...

Un premio de esa envergadura es una validación que se están haciendo más o menos bien y más de quien viene, nada más y nada menos que del Consejo de Ciencias Económicas, un ente que reúne la flor y nata del quehacer profesional de la provincia de Buenos Aires

Es increíble la emoción que sentí, como una ráfaga pasaron por mi mente todo lo bueno sucedido desde que Eduardo Minich me abrió las puertas del diario “Nuevo Día”, todos los premios recibidos hasta llegar al Teatro Coliseo Podestá en La Plata, y ahí estaba sintiendo un escalofrío de felicidad, con la confianza de ver a parte de mi familia y a los amigos que me acompañaron, en tan sentido momento, para recibir el “CADUCEO 2013”…

 Reflexiones...

Ello conlleva a que considere con nueva visión las cosas. Otros valores, tomarme tiempo para hacer las cosas pequeñas, y sin embargo lindas y tan caras a la vida y te asombras y sorprendes cuanto amparo y ayuda recibís en esos momentos. Estos refuerzos solidifican las relaciones con la comunidad en que uno se desenvuelve y te coadyuva a creer más en la vida. Y lo que me puso más en claro todavía, con respecto a mi persona: ocupar mis pausas para dejar vagar la mente y el espíritu. Ocuparme y concederme momentos de sosiego, descanso, calma y quietud. O simplemente sentirme bien y a gusto. Eso es muy necesario para el cuerpo y para el alma…


Sirva esta meditación como introducción al  premio “Caduceo 2013” otorgado por la Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires” que ha recibido el Suplemento “Nuestras Colonias” que acompaña los días a la edición sabatina del diario “Nuevo Día” y “Región Deportiva” los días lunes…


Y aparece en nuestras papilas de papel el sabor del compromiso cabal y sostenido en el tiempo, allí están los galardones para escoltarnos, como un cardinal de valores que seguiremos preconizando en cada glosa. El gusto amargo de las cosas que pasaron en los últimos años, que también me recuerdan los momentos difíciles, que son parte de la cotidiana existencia. Y entre los sabores dulces o amargos, nos queda el empeño de prevalecer. Y aquí estoy para decirle a todos ustedes lo que individualmente me transmiten: por nuevos sabores en nuestras almas y corazones, por los amargos, que pasamos, que también están ahí porque así es la vida y por los otros más lozanos y dulces que aparecen con simpleza en los momentos lindos de la vida... 


Desde que entré en la madurez, es decir, desde que advertí el sentimiento de crecimiento sutil interior, tengo para mí que si estamos aquí, si hemos llegado a esta vida es, entre otras cosas, para aprender a dar las gracias. Gracias, pues, de corazón por la distinción con que nos han honrado, y que nos ha llenado de alegría por venir de donde viene. Gracias también a todos los que nos acompañan y nos acompañarán en esta noble tarea de tender puentes entre amigos que no se conocían y que a través de la cultura escrita han iniciado ese diálogo ideal que propicia la literatura que les une y les puede hacer más cercanos. Y gracias muy especialmente a Eduardo Minich que  ha hecho un espacio en su diario, desde hace 17 y pico años, a los auspiciantes, que sin ellos no podría salir el suplemento, y a los lectores, los destinatarios ideales de nuestra labor, que han renovado su confianza en nuestra no menos hermosa misión de compartir la literatura, el pensamiento, con ellos…


“Nuestras Colonias” es como un libro polifónico, compuesto por muchas voces y de muy distinto origen, y que debo vertebrar en torno a un proyecto cultural, el que singulariza su muy personal y subjetivo criterio de excelencia. Quien les habla no es, en consecuencia, quien está dirigiéndose a ustedes en este momento, sino la suma, el portavoz, por modesto que sea, de una vieja tradición, de un coro de voces, muchas de ellas ya anónimas, que le llega de un pasado quizás remoto, pero no por ello menos lleno de respeto y amor por una palabra que le ha sido dada y a la que se debe…

                               Con Marta, mi hija Doris y mis nietos Melany y Nahuel


Han de saber que quien les habla es una persona profundamente enamorada de su trabajo y que profesa una honda admiración por todos aquellos que de una manera limpia y ética han hecho posible que nuestra labor sea uno de los más ennoblecedores medios de vincular a los hombres, de favorecer una relación ideal entre ellos y, por qué no decirlo, a veces constructivamente crítica entre desconocidos y en apariencia distantes. Muchos de mis amigos me habrán oído repetir que nadie echa de menos a un desconocido. Convendrán pues conmigo en que nada puede haber más honroso y estimulante que trocar un desconocido en un amigo…

Con algunos de mis amigos que me acompañaron, Horacio, Gster, Silvia, hector, Juan Carlos, Marta Y Margarita

Querría rendir aquí y ahora público homenaje a todos esos hombres y mujeres que han hecho, hacen y harán en el futuro posible que el espacio de la cultura sea quizás uno de los pocos espacios que nos queden para dirimir todo tipo de conflicto cuando por desgracia se han agotado las posibilidades de entendimiento en tantos otros ámbitos…


Han de saber que quien les habla está dotado del mismo entusiasmo que cuando empezó su andadura profesional y que tiene como máxima de su trabajo que nada verdaderamente importante en la vida, en contra de la filosofía que parece haber presidido nuestras vidas en las últimas décadas, requiere urgencia. Y también querría decirles que hemos procurado realizar nuestro trabajo a lo largo de estos diecisiete maravillosos años de práctica profesional con honestidad y alegría, que hemos tratado de dar siempre lo mejor de nosotros a los demás, de sentir en todo momento su cercanía. Un autor de verdad publica aquello que no logra olvidar y si en su camino tropieza con algo que no logra olvidar y es útil a su vida, ¿por qué no va a poder compartirlo con los otros? ¿Por qué los otros no van a poder ser susceptibles de amar eso que previamente hemos amado nosotros?...

                                  Amigos de la audición el Carro Verde
En fin, que quien les habla no puede estar más henchido de esperanza y que no piensa apearse de ella en el ejercicio de su profesión, y que quiere rendir público homenaje, como broche final a estas palabras, a aquellos que nos precedieron y que con su legado  animaron a un grupo de hombres a iniciar lo que constituyó la más hermosa de sus aventuras, de contar sus aventuras. Esos abuelos o bisabuelos tienen muchos nombres, pero hoy se resumen en uno: el que ha hecho sentir la proximidad de lo otro como parte constitutiva de lo que somos cada uno más allá de sus propias aspiraciones. Gracias a Argentina una vez más por su generosidad y por lo mucho que los alemanes del Volga le debemos. Muchísimas gracias de nuevo a todos...
    Sacándonos el papel plateado que cubrió a los presentes, Marta y Hector la ligaron muchísimo  


Por eso amigos lectores, aún convencido de que es el más difícil de recorrer, no perdamos de vista este camino, el único para reencontrarnos con lo mejor de nosotros: La esperanza. ¿En quiénes? En nosotros mismos y en Dios... Si creemos en nosotros mismos y mantenemos firme la fe en Dios y en los principios que defendemos y por los cuales estamos dispuestos a luchar: honestidad, verdad, desinterés, sensibilidad, justicia... Y si los inculcamos en la comunidad, existirá siempre la esperanza. Que el “Buen Dios” les bendiga a todos y les elevo mil gracias por todo lo que me dieron, que es mucho más de lo que pude dar.



Publicar un comentario