Municipalidad de Coronel Suarez

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miércoles, 1 de mayo de 2013

La dicha de compartir...



Cuando nos propusimos emprender el camino del servicio, el camino de dar, pensábamos que quiénes “dábamos” éramos nosotros. Más tarde, luego de compartir con los “abuelos”, descubrimos que recibíamos mucho más de lo que realmente dábamos. ¿Cuál era el secreto de esta maravillosa paradoja?


En nuestros comienzos no estábamos lo suficientemente preparados para “recibir” una catarata de gratificaciones y de bendiciones. No podíamos concebir la idea aún de que el recibir era una parte inseparable del dar. Era como la otra cara de la misma moneda. Esa moneda era la moneda del compartir. Cuando nos permitimos abrir nuestros propios corazones al recibir, cosa -*
Que no teníamos en nuestros planes y que resultara tan enriquecedora, el dar se vio reconfortado y embellecido por la maravillosa experiencia de un momento para compartir con los demás. Así nuestro propósito se completó.

De allí que el compartir es, indiscutiblemente, nuestra misión en esta existencia como seres humanos. En él hallamos la completitud. En él la magia de la plenitud encuentra su morada. En el compartir, el Ser muestra su rostro a la vida y se funde a ella en armonía y en paz. Hemos venido a esta vida para aprender a compartir desde el corazón. Cuando das sinceramente aquello que no te pertenece, realmente compartes la dicha con los demás. Es éste “auténtico dar”, el que recibe infinitas gratificaciones que lo retroalimentan y lo vuelven tan bello. De modo que cuando des algo, hazlo desde el corazón, desde lo profundo de tu Ser, y serás beneficiado por la maravillosa experiencia de la presencia en plenitud.


Decía el Dr. Alejandro Gatti “Cuando das algo que posees, lo que das se torna insignificante, porque solo posees aquello que no es ciertamente tuyo, solo posees “cosas”, nunca podrás poseer aquello que te ha sido dado, nuca podrás poseer lo que no te pertenece”

Dicen por ahí que la felicidad es el camino. Y sí, es el camino de compartir. El paisaje de ese camino está repleto de oportunidades para brindarnos plenamente. Cuando compartimos, estamos proyectando nuestra Alma en los demás, que son el espejo de lo que se proyecta. Por ende, se produce un circuito virtuoso de energía que nos re-conecta a la fuente de la que todos provenimos, que es una fuente de abundancia y de bondad. Porque esa fuente da ilimitadamente, y no conoce otra función que no sea la de dar abundancia y bienestar. Cuando “copiamos” la forma de la fuente, nos convertimos en ella, y somos bondad y abundancia para nuestras vidas. Pero solo a través del compartir es posible descubrir ese potencial que yace en las profundidades del Ser sublime.


¿Estás listo para que la Vida te conozca en plenitud? Si así fuera, nunca dudes en compartir tu luz con los demás. Una vela encendida es capaz de encender a miles de velas más. Una vela apagada no tiene ese potencial.

¡Haz de tu capacidad ilimitada de compartir una auténtica oportunidad para que la vida baile su danza en ti, y a través de ti!

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