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martes, 22 de enero de 2013

Unos 30 millones de soviéticos fueron condenados a los “Gulag”, entre 1919 -1953 Dilucidando el Gulag (4ª parte) Alexander Solyenitzin... Archipiélago “Gulag”...




El escritor.
Durante los años de su exilio, enseñó matemática y física en una escuela primaria escribiendo prosa en secreto. Consiguió salvar lo que había escrito y llevárselo consigo hacia otros destinos en los que, de la misma forma, se dedicó oficialmente a enseñar y a escribir en secreto. Transitó así, primero por el distrito de Vladimir – en dónde nació La Granja de Matryona – y después en Ryazan.
Durante todos los años hasta 1961 no sólo vivió convencido de que jamás vería sus obras impresas en vida sino que, además, apenas si se atrevió a mostrar a sus más íntimos algunos fragmentos, eternamente temiendo que alguien más se  enterase de lo que estaba haciendo.
Pero, a la larga, el anonimato literario comenzó a desgastarlo. Lo que más le pesaba era que no podía recibir la opinión de personas con algún conocimiento en literatura. Así, en 1961, después del 22° Congreso del Partido Comunista de la URSS y después del discurso de Tvardovsky ante el mismo, decidió salir del anonimato con Un Día en la Vida de Iván Denisovich. La decisión era extremadamente peligrosa. No sólo podía traer consigo otro arresto sino, además, la pérdida de todos sus manuscritos.

Pero, en esa ocasión tuvo suerte, y después de una serie de prolongados esfuerzos A.T. Tvardovsky consiguió publicar esa novela un año más tarde en la prestigiosa revista Novy Mir (Nuevo Mundo). Pero la impresión del libro fue detenida casi inmediatamente por las autoridades las que, en 1964, prohibieron tanto sus obras de teatro como a su novela El Primer Círculo la que fue secuestrada en 1965 conjuntamente con sus papeles de los últimos años. Con todo, en 1963 había conseguido publicar Nunca cometemos errores y, al año siguiente, Por el Bien de la Causa.

Premio Nobel y exilio.

A pesar de persecuciones, prohibiciones y arrestos, sus obras consiguieron poco a poco trascender las férreamente custodiadas fronteras de Rusia. En 1970 le fue otorgado el Premio Nobel que no pudo ir a recibir personalmente por la presión de las autoridades de su propio país.
Fue deportado a la entonces República Popular Alemana (Alemania Oriental) y en 1974, un año después que se publicara El Archipiélago Gulag, en Francia, los soviéticos le retiraron la ciudadanía. Emigró a los Estados Unidos estableciéndose en Vermont. Los americanos lo recibieron con los brazos abiertos, esperanzados de encontrar en él a un vitriólico crítico del sistema comunista en medio de la batalla propagandística de la Guerra Fría. Se equivocaron.
Si bien Solyenitzin nunca cesó de mostrar las falencias y demostrar la inviabilidad del sistema comunista, su posición fue la de un escritor moralmente íntegro.  Mientras estuvo en su propio país, criticó y expuso las barbaridades del sistema bajo el cual vivía.
Pero quienes esperaban que siguiese criticando a su patria desde el extranjero se encontraron con la desagradable sorpresa de hallarse frente a un hombre que ahora criticaba, y sin demasiados miramientos precisamente, las falencias y los defectos del sistema capitalista. Los americanos no sólo no consiguieron instrumentarlo para sus fines propagandísticos sino que, encima, tuvieron que soportar la sinceridad de un intelectual insobornable que jamás consintió en dejar de llamar las cosas por su verdadero nombre, sin ocultamientos y sin hipocresías.
Esa actitud le granjeó una buena cantidad de enemigos también en Occidente y explica buena parte de las críticas de las que fue objeto, la mayoría de las veces de un modo extremadamente desleal, muchas veces con burdas mentiras y casi siempre con argumentos por demás objetables.

Regreso a Rusia.
Con la llegada de Gorbachov al poder a mediados de la década de 1980 y la implementación de la glasnost, la censura que pesaba sobre el trabajo literario de Solyenitzin fue eliminada y sus obras se publicaron otra vez en Rusia. Recuperó su ciudadanía en 1990 y regresó a Rusia en el verano de 1994, tras veinte años de exilio.
 Llamado a proponer alternativas al régimen soviético, rechazó el énfasis Occidental sobre la democracia y la libertad individual, pugnando, en cambio, por la formación de un régimen justo, pero con firme autoridad, que pusiese los tradicionales valores cristianos de Rusia por encima del materialismo utilitarista de Occidente.
Falleció un Domingo 3 de Agosto de 2008. 

 Su ataúd fue custodiado por una guardia de honor militar en un salón de la Academia de Ciencias de Rusia por el que desfiló una impresionante multitud. Entre ellos estuvo el primer ministro Vladimir Putin. Vladimir Putin; el hombre fuerte de Rusia y ex-oficial de la KGB le rindió honores a Alexander Solyentitin, el ex-preso y uno de los pocos sobrevivientes del GULAG. Al fallecer, Solyenitzin tenía 89 años. Y la Historia tiene esas ironías. . .

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