Municipalidad de Coronel Suarez

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miércoles, 30 de enero de 2013

Hablando se ¿entiende? la gente... (2ª Parte)


 
Nuevo paradigma   
Cuando al comienzo hablábamos de todos los ámbitos de la sociedad… son todos o, al menos, los más decisivos para el porvenir de aquella. Y si en otros tiempos había que callar, no distraerse, arremangarse y poner manos a la obra, eso, ahora, también cambió en el ambiente. Allí, cada vez más, se desprende la comunicación interpersonal como un factor preponderante para el rendimiento de cada cual. ¿Estamos ante el fin de la era de frases tales como “El problema es que la gente habla mucho y trabaja poco”“Si hablamos menos, vamos a trabajar más” o “Hay que dejar de conversar y ponerse a trabajar”? “Estas expresiones, que reflejan creencias muy arraigadas en ciertos sectores del mundo empresario, tienen su origen en el hecho de que, durante un sinfín de décadas, a lo largo de toda la era industrial, la base productiva de nuestra sociedad estuvo signada por el trabajo manual y la generación de bienes tangibles. Si bien esa sociedad dejó de existir, aún sobreviven los paradigmas que rigieron su dinámica social”, contesta Anzorena, y prosigue: “Ahora bien, la actualidad nos plantea el desafío de provocar nuevas teorías y concepciones que den cuenta de los distintos escenarios que enfrentamos en los diversos espacios de nuestro desempeño. Por ello, tenemos que revalorización la comunicación. Esta es una de las claves del siglo XXI para encarar cuestiones que se extienden desde el desarrollo personal hasta lo que acontece entre las cuatro paredes de la oficina”.


Usted suele reparar en los “modelos mentales”. ¿Cómo inciden en las comunicaciones interpersonales? 

Los “modelos mentales” son el conjunto de opiniones, valores, distinciones y creencias que utilizamos para percibir e interpretar todo tipo de circunstancias. Ejercen una gran ascendencia sobre nuestro modo de comprender el mundo, y sobre nuestra manera de actuar y de comunicarnos. Como un cristal que distorsiona sutilmente nuestra visión, los “modelos mentales” condicionan nuestra percepción y la asignación de sentido a los mensajes y estímulos que recibimos; determinan el enfoque de nuestra atención y nuestra interpretación/valoración de cualquier acción o circunstancia, así como por qué seleccionamos algunos datos y obviamos otros; y delimitan nuestra emocionalidad, influyendo en nuestro comportamiento y en la forma en la que nos comunicamos y relacionamos con los demás.

¿Por qué nos resulta tan complicado escuchar?


Porque reducimos ese acto a una actividad secundaria, receptiva y pasiva. Esto queda constatado en todos los cursos de capacitación en comunicación que están abocados cien por ciento al hablar y no al escuchar. Si no se entiende que el escuchar es una acción que se puede efectuar con mayor o menor efectividad, nunca surgirá la necesidad de desarrollar la habilidad para hacerlo de la manera acertada. El escuchar conlleva implícitamente el oír, pero es algo mucho más complejo todavía. Escuchar presupone una tarea interpretativa. ¿Qué tiene de pasivo eso? Todo lo contrario: es un activo proceso de asignación de sentido.

Hay alguna fórmula para comunicarse con éxito? 

Mientras conversamos realizamos, en forma secuencial o simultánea, un conjunto de acciones: hablamos (exponemos o indagamos), escuchamos, establecemos una relación e intercambiamos nuestra emocionalidad. A la vez, observamos y asignamos sentido tanto al lenguaje verbal como al no verbal. En función de esto, propongo desarrollar cinco competencias que bauticé “conversacionales”. La primera, “hablar con poder”: advertir que accionamos a través del poder transformador de la palabra y que todo hablar es un actuar. La segunda, “escuchar en profundidad”: cuando escuchamos, estamos asignándole un significado a todo lo que oímos y vemos de nuestro interlocutor. La tercera, “indagar con maestría”: la indagación es el medio que utilizamos para poder “escuchar mejor”; es un poderoso instrumento que nos permite ahondar en los niveles de análisis. La cuarta, “entrar en sintonía”: primordial para una comunicación de alta calidad, avivando un clima de confianza. Por último,“conversar en forma constructiva”: en las conversaciones, podemos asumir una postura para desacreditar a nuestro interlocutor o para querer compartir nuestro punto de vista. De uno depende.


Claves para una comunicación efectiva 



·         Nuestras conversaciones construyen nuestro mundo.
·         La comunicación es mucho más que hablar y escuchar.
·         Recuerde que toda percepción es una construcción.
·         Hágase cargo de sus opiniones.
·         Escuche con el corazón.
·         Sea asertivo en sus pedidos y ofrecimientos.
·         Recuerde que el cuerpo también habla.
·         Genere vínculos de mutua confianza.
·         Tenga presente que las preguntas son tan importantes como las respuestas.
·         Establezca sintonía en sus conversaciones.
·         Contagie emociones positivas y presérvese de las negativas.
·         Tenga una actitud constructiva en sus conversaciones.
·         Sea consciente de que todo vínculo es un “sistema”.
·         Sea impecable en el cumplimiento de sus compromisos.



Aprender a comunicarse  
Esto implica aprender a decir auténticamente lo que se siente y se piensa, pero comprendiéndonos y, sobre todo, respetándonos unos a otros. A través de una buena comunicación con los padres, los hijos pueden lograr su plena individuación y alcanzar sus propios objetivos. Cuando nos imponemos o pretendemos ser adivinados, permanecemos en el ámbito de indiscriminación que produce la “simetría inconsciente” como cambio psíquico estructural que abarca a las nuevas generaciones y también a los adultos. Este cambio hace que desde la más temprana infancia se copie inconscientemente a los padres como si se estuviera frente a un espejo, por lo cual los hijos quedan posicionados desde pequeños en paridad con sus padres, pero no se terminan de separar por completo. Se permanece en un estado de escasa diferenciación, desde donde se espera que el otro sea un espejo que nos devuelva la propia imagen.

Por eso es tan difícil la comunicación en estos tiempos. Cada uno pretende ser correspondido plenamente por los otros, y cuesta mucho el descentramiento, el respeto y el reconocimiento del otro como diferente. Produce mucha frustración la diferencia porque se la vive como un ataque a la propia identidad, en lugar de comprender que simplemente… somos diferentes.




Comunicarse es crear joyas únicas

  

Estar conectado no significa estar comunicado. La conexión es un fenómeno tecnológico y la comunicación es un proceso artesanal. Es esencial distinguir esto en una época en que ambos términos se confunden y muchas (demasiadas) personas están virtualmente muy conectadas pero, en verdad, muy solas e incomunicadas.


La comunicación requiere mirar (no simplemente ver), escuchar (no solo oír), emplear la palabra como puente para pedir, expresar, decir, os hay muy ricos) y registrar el caudal emocional que fluye cuando todo esto se pone en movimiento. Para comunicarse hay que comprometerse con el otro, dedicar tiempo al encuentro, elegir. No puedo comunicarme en varias ventanas abiertas simultáneamente como ocurre con la conexión. Como cada persona es única y todos somos diferentes, comunicar es armonizar diferencias. Y porque somos únicos no hay dos episodios de comunicación iguales. 
Por esto pienso que se trata de artesanía. La conexión es serial, no requiere conocer al otro. 

La conexión es un medio (una herramienta), la comunicación es un fin. Y en el logro de ese fin la palabra juega un rol esencial. Por eso es importante honrarla, respetarla, valorarla y enriquecerla, en lugar de minimizarla y empobrecerla. Sin ella no podemos ni pensar ni poner nombre a nuestras emociones y sentimientos. Sin ella no podemos aprehender el mundo. Nos comunicamos con palabras, nos conectamos con herramientas tecnológicas. No son enemigas, pero no son la misma cosa. La comunicación es una forma de amor. 

Fuentes consultadas: *Sergio Sinay, especialista en vínculos y autor del libro La palabra al desnudo.
*Claudia Messing, psicóloga, socióloga y directora del Instituto para al Abordaje de la Simetría Inconsciente (IASI). Oscar Anzorena, licenciado en Comunicación, consultor y máster coach organizacional.

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