Municipalidad de Coronel Suarez

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domingo, 12 de agosto de 2012

Historias de vida... Miguel Detzel… Era un buen carpintero y sigue siendo una buena persona de bien…

Miguel Detzel con su esposa Rosa Jacob, de fondo la cocina a leña que siempre los acompañó en sus 65 años de casados
“El buen carpintero mide dos veces, corta una” es un antiguo refrán que va más allá del simple ahorro de material. Tiene también que ver con ahorrar tiempo. Un error al cortar una pieza de madera seguramente nos obligue a tirar la pieza, ya que normalmente es difícil encontrar otro uso para ella que nos permita aprovecharla. Lo que ya no podremos recuperar de forma alguna es el tiempo que hemos invertido en medirla y cortarla. Cuanto más valioso es el material, sea tangible o intangible, y más tiempo requiera el proceso, más importante es hacer bien las cosas a la primera.


Miguel nació el 1 de diciembre de 1924, en diciembre de este año cumple 87 años. Mi padre fue el primer carpintero del pueblo y el mejor, (nathaisMischcke), somos 7 mujeres y 5 hombres, la menor está viviendo en  Cipolletti está viviendo, otra está en la colonia dos y tiene 90 años. Me inicie en la carpintería cuando me case, llevo 64 años de casado, para el 16 de septiembre vamos por los 65 años ya...

Miguel y Angelina Detzel transmitieron a sus doce hijos el espíritu de trabajo.

Mis abuelos paternos, Juan Pedro Detzel y Eva Stegmann, nacieron en la colonia Volmar y los maternos, Pedro Schonfeld y Catalina Graff, en la colonia Husaren. Ambas colonias fueron fundadas en 1766 y 1765 respectivamente y estaban situadas en la zona denominada “bergseite” o región montañosa, ubicadas en la región occidental del río Volga. De esas mismas poblaciones alemanas en Rusia, fue la mayor parte de los inmigrantes alemanes que fundaron la colonia Pueblo Santa María en Coronel Suárez, de donde eran oriundos mis padres, Miguel Detzel y Angelina Schonfeld. Mis padres se conocieron en estas colonias, se casaron. Vivieron muchos años aquíí. Mi padre se dedicó al oficio de carpintero y junto con mi madre, ama de casa, formaron un hogar ejemplar, bendecido con 13 hijos. Buscando otros horizontes, Miguel y Angelina decidieron irse a Cipolletti en 1949... 


Cuando me case me inicie en la carpintería pero no acá porque no tenía nada y mi padre no me podía ayudar porque tenía un montón de chicos y todos no trabajaban no tenían laburo, mi padre vendió la casa y se fue a  Cipolletti con todos los chicos y yo con mi señora gracias al suegro tenía una casita allá atrás donde estaba (…..) con dos piecitas de adobe y ahí fuimos a vivir y cerramos la casita y fuimos con un carro yo y mi suegro fuimos a juntar maíz y girasol y mi señora estaba de 8 meses después cuando vine y me hice la casita en el terreno de Ludwigpeider (Pedro Streitenberger-Schwerdt, Él me dijo, Miguel a vos te vendo el terreno porque conozco a tu papá y al suegro que trabajaron mucho tiempo en el campo. Entonces empecé acá a trabajar en el galpón del don Pedro Streitenberger que era muy grande...

Jamás había conocido otro oficio que no fuera el de carpintero. Había nacido y crecido rodeado de gubias, formones, sierras, tornos y barnices. Con trece años comenzó a ayudar a su padre en la carpintería heredada a su vez del abuelo. Y así había crecido. Miguel (H) se había convertido en un gran carpintero. Sabía concentrarse en su tarea sin distracciones. Podía pasar medio día trabajando en la carpintería sin que se acordase de nada más... 


Prefería un cepillo manual a uno eléctrico, un punzón a un taladro o una sierra de mano a una radial. Había crecido escuchando la dulce melodía de las herramientas de mano y detestaba todo lo que sonara a motor. Pero los tiempos habían cambiado y tenía que adaptarse a las nuevas demandas. Cada día aumentaban los pedidos de puertas biseladas a máquina o de armarios contrachapados. Miguel desdeñaba todo eso porque creía que eran muebles sin alma. No tenían la personalización que le imprimía el toque único e irrepetible de la mano de un carpintero…

Y acá mismo, donde vivo hoy hicimos los ladrillos de adobe, cuando le pusimos la primer chapa al techo nació pancracio mi hijo. Empecé bien bien de abajo y tuve que ayudar a mi suegro que estuve 18 años en el campo. Yo trabajaba por 10 pesos por mes y tenía 10/ 11 años, ordeñaba vacas y le tenía que llevar al lechero, a la fabrica, le pedí zapatillas a mi padre y no me compró porque no había para comprar…

Mi suegro cuando vino del campo le ayude con ventana, chapas para hacer su rancho. Mi suegra vivió como 8 o 9 años acá conmigo. Del galpón a la cocina, de la cocina al galpón yo, siempre trabajaba, no había tiempo para pensar en maldades, a mí se me fueron los años como el agua entre los dedos, cuando me quise acordar ya era un hombre viejo, un hombre de bien y tengo hijos. No tienen estudio pero son muy buenos. Yo curse hasta cuarto grado y mi señora tenía 7 años y tenía que hacer de comer en el tambo porque la suegra tenía mucho que hacer.
A mí siempre me gustó trabajar y son muy amante de la limpieza, muy prolijo…

(Continuará)
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