Municipalidad de Coronel Suarez

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Cooperativa Electrica

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sábado, 12 de mayo de 2012

Brotes de la colonia... A Santa María en su 125º aniversario de su fundación...


Un fresco abrazo la nombra, Colonia Tres o Santa María, dos nombres un solo corazón; sus calles señeras fecundan el estío, quien mira es influido por un albur suave, la conozco agraciada, tendida en diáfana quimera
  
                               Vista de  la "Feddergasse" desde el  monumento de la Virgen en el año 1930
Cuando el aire anda en  flores...

y el cielo es delicado, da gusto ir contemplando sus abiertas distancias, sus ofrecidos edenes que alegran el espíritu, su ocaso, imperio triste, sus tranquilos valles. Y las gentes de ahora, que trabajan su dicha, los vistosos cultivos prometiendo un buen año, las mañanas de escarcha, los vivos resplandores, y el campo en su abandono feliz, hondura y pájaro. Las voces tienen leguas. Apartadas distancias miden las grandes tierras y los últimos cielos, y rumores de hacienda confirman lo apacible, y un aire encariñado, de lejos, vuelve al trébol. Lindo es mirar las sierras, una callada gente en cuyos ojos nunca se enturbia el claro día, atardece en sus pampas, dichosa en la costumbre y en la amargura digna.

La vida, campo afuera…

se contempla en jazmines o va en alegres carros cuando perfuma el trigo cortado, cuando vuelve la brisa a trenzas jóvenes y el ocio, en el acordeón, menciona algún cariño. Conozco esos lugares que enternecen mi andanza y donde la colonia ya es encanto sin tiempo, frondas, calladas casas, suaves noches camperas, soledad, hermosura: frecuencia de mi pecho. Vuelvo a cruzar los campos donde el pampero canta, y un aire enamorado de esa extensa delicia en cuya luz diversa y en cuya paz se anuncia la querida, la tierna, la querida colonia.

Larga dulzura…

creada para entender la dicha durable rosa, quieto fervor, gajo de patria ¡Qué mansa la presencia de la brisa en sus tierras! ¡Qué sonora en mi pecho la efusión de sus campos! Dulzura sí, llaneza cordial, grato sosiego, Amplitud primorosa y honor en la mirada. En su anchura reconoce a los suyos, y en su tierna tranquilidad el pensamiento se aclara. ¡Qué vistosas se ponen sus leguas cuando el aire perfuma, y la tarde alza como dormidos velos! Pondero esos campos, los nombro afectuoso. El corazón es dádiva de su amable silencio. Siento unas luces absortas y unos callados rumores; Reconozco este ocaso perdido en los trigales, y fuera de los años miro su gracia inmóvil, su delicado resplandor sobre los campos solemnes. Luz absorta que viene del pasado, y me acerca unos rostros, un pueblo y esa fecha rezada en que anduve lo más campante por los patios sencillos...

Vuelve un canto siempre dulce. La dicha se parece a esa nostalgia. Quedo en la brisa, tierno de campo, laxo, respetuoso. Una y otra vez paso canturreando entre esas calles.

Héctor Maier Schwerdt

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