Municipalidad de Coronel Suarez

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jueves, 12 de abril de 2012

Reflexiones de un viaje, de una búsqueda y de un encuentro (Año 2001)

Hace no mucho tiempo comencé una búsqueda. Una búsqueda que al igual que todas las búsquedas no conducen a un solo encuentro sino a múltiples, variados y apasionantes encuentros.
La búsqueda no era más ni menos que la necesidad de saber respecto de los propios orígenes, situación que me permitía precisar mi identidad y construir a partir de la misma un nuevo mundo personal, más pleno y más trascendente.

Por que de eso se trata cuando uno busca sus raíces y máxime cuando esas raíces han sido ocultadas por el silencio del sufrimiento, del dolor, o de la melancolía que nuestros abuelos inmigrantes trajeron consigo junto a sus pertenencias.


Siempre me llamó la atención y me emocionó particularmente la canción del Negro Hoffmann (Sergio Denis) “Por la simpleza de mi gente”, especialmente cuando reitera una y varias veces que “soy de mi pueblo” y “por mi pueblo volveré, yo volveré”. Contando con la colaboración del escritor Héctor Maier Schwerdt, que mucho me ayudó a encontrar  mis raíces

Y ahora que pude volver al lugar que alguna vez dejaron mis antepasados comprendo mucho más ampliamente lo que sentía. Lo que Hoffmann refirió en su arte musical no es más ni nada menos que la sensación de muchos inmigrantes –y en el caso de los alemanes del Volga muy especialmente- de pertenencia a un lugar, a una cultura, a algo más que un espacio físico donde sembrar trigo, criar ganado, rezar o procrear. El espacio cultural y sensible en el cual nuestros antepasados se criaron y que en virtud de su intempestiva salida mantuvo en muchos de sus descendientes posteriores esa necesidad de “volver”.
Porque se “vuelve” al lugar en donde alguna vez se “estuvo”. Sin embargo nosotros no estuvimos nunca físicamente en la Alemania que los obligó a irse al Volga ni en el propio río ruso. ¿Dónde se instaló en nosotros entonces esa idea de volver?
Pues se instaló del recuerdo permanente (conciente o inconsciente) que en forma mayormente silenciosa nos fue transmitido de generación en generación.
Y ¿cómo fue transmitido dicho recuerdo?
Por la cultura, por el idioma, por las miradas, por las conductas, por los valores que recibimos desde que nacimos de esos Wolgadeutschen tan especiales.
Y volver al lugar desde el cual alguna vez se partió es retomar un vínculo que se ausentó temporariamente pero nunca se rompió. Y “encontrarse” con el lugar físico desde el cual se partió que nos da la posibilidad de “ver” y “sentir” físicamente la necesidad espiritual que teníamos.
Ir a Alemania no significó conocer algo nuevo. Significó “volver” al mundo que nos transmitieron nuestros ancianos y vincularnos con la “trascendencia”.
Significó re-vincularnos con nuestra identidad, con miradas similares a las nuestras, con posturas, con valores, y con similitudes culturales. Significó presenciar las montañas, las praderas, los campos y los ríos que alguna vez pisaron los nuestros, en los cuales alguna vez sembraron, rieron, lloraron, se enamoraron y murieron. Significó recorrer al camino que otros antes recorrieron por nosotros y, fundamentalmente valorarlo, quererlo, sentirlo, amarlo y por que no llorarlo.
Sería largo explicar el recorrido físico que pude realizar, pero para mí ha resultado mucho más gratificante permitirme compartir con ustedes cual fue el proceso que me llevó a recorrer el camino que me permitió “re-encontrar” a mi pueblo, a mi tierra, y mi identidad. Quizás con ello puede estimular a muchos “paisanos” que pueden sentir lo mismo a animarse y se darán cuenta que el premio de la búsqueda consiste en encontrar siempre mucho más de lo que se quiso encontrar cuando se empezó a buscar. Yo fui a buscar un pasado, y me encontré con nuevos amigos. Fui a buscar una parte de mi historia y me encontré con mi identidad.
Porque si bien pude conocer cual es mi apellido correcto (Breitenstein), y pude conocer quien fue el primer emigrante a Rusia (Antón Breitenstein), y pude conocer cuando fue y cuando llegó (1766-1767), y pude saber en que colonia vivió (Goebbels) y cuantos hijos tuvo (4), y que el primero de sus hijos que nació en Rusia se llamaba Cristian como yo, y tantas otras cosas que descubrí y que seguramente son importantes de compartir, entendí que lo más destacable para describirles era decirles que todo eso fue una buena excusa para saber quien soy, de donde vengo y a donde debo ir.
Y de eso, de nada más que eso (pero nada menos) se trata... vivir.

Epígrafe:



Cristian Braindeltein. Autor de la nota, es abogado, concejal e Intendentede la ciudad de Bahía Blanca, actual Ministro de la Producción de la Provincia de Buenos Aires. Ex docente universitario y fue el primero de su familia que pudo volver emocionado a la tierra que hace 248 años dejaron los que marcharon al Volga a buscar nueva suerte. Esposa Mariana Martín


Cristian con su esposa Mariana cantando y bailando junto a Sergio Denis (Su idolo)
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