Municipalidad de Coronel Suarez

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domingo, 19 de febrero de 2012

Universidad Nacional del Sur… Colonias Alemanas del Volga de Coronel Suárez: resguardo de tradiciones centenarias… por María Luciana Robles-Simón

3ª parte de la entrevista a Héctor Maier Schwerdt; escritor (autor de 9 libros sobre los Pueblos de Alemanes del Volga en la Argentina), actualmente elabora íntegramente el suplemento “Unsere Kolonien” (Nuestras Colonias) de el Diario Nuevo Día de Coronel Suárez.

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¿Cuáles son sus recuerdos más queridos, con respecto a las Kerb, de su niñez y su juventud?

Ir a la Iglesia, tenías que ir si o si, los padres te mandaban. Pero a nosotros lo que más nos interesaba de chicos era juntarnos después en la comida y a la tarde, que en casa como mi padre era político, no era tan familiar porque invitaba a todos sus amigos… éramos muchos, se armaba en el corredor una mesa larga pero nosotros, los chicos, estábamos juntos. Después íbamos a la kermese de las hermanas y de nuevo a misa, de la misa volver a juntarnos los primos y todos los parientes. Y ya siendo adolecente buscaba más a las chicas y ya íbamos a la kermese con doble intención, a bailar; como no nos permitían ir al baile armábamos uno en alguna casa que quedaba vacía (porque vivía el hijo, el padre y el abuelo e iban todos a la casa del abuelo) poníamos el gramófono grande y bailábamos.

A los 16 o 17 años empecé a ir a los bailes, ¡y no había baile que aguantara! Lo que pasaba es que un tío abuelo lo fundó, otro tío abuelo fue el segundo presidente, mi abuelo el tercero, mi padre fue el cuarto, mis tíos fueron casi todos, mi hermano fue 10 años presidente y yo 7 años… el club era la familia, yo nací al lado del salón antiguo que ahora es el de fiestas, teníamos una casa alquilada que permanece prácticamente, igual a la antigua.

La primera anécdota que tengo de ir al baile (cuando mi padre estaba en la presidencia) fue en una tertulia a la que había ido mi madre, yo me desperté (tenía 2 años), mis hermanos estaban durmiendo, yo sabía que estaban al lado, me levante y me fui en pañales y aparecí en medio del salón… ya de tal palo…. ¡¿vos sabes la desesperación de mama, yo en pañales?! Y siempre estaba ligado porque había un tío o alguien de la familia, tenía que ayudar y sigo haciéndolo.

En las Kerb los que podían, las mujeres se hacían un vestido nuevo y los muchachos se compraban un traje nuevo, y los que no heredaban y los ponía al toque el sastre. Algo nuevo tenías que tener, estrenar algo.
Lo que más me gustaba a mí, y creo que a todos era la reunión familiar. Mi madre se reencontraba con sus hermanas, aunque vivieran en el campo y hubiese venido una semana antes, venían ese día porque era una fecha distinta, especial.


¿Cómo fueron cambiando las Kerb a través del tiempo, en duración y organización?

Cuando era chico venían los trenes llenos con gente de Pringles, Lamadrid, Olavarria, Bahía Blanca, Buenos Aires, etc. y otros lugares donde se trabajaba en el campo; hasta el año sesenta, iba a buscarlos porque tenía camión.
Fueron cambiando cuando aparecieron los colectivos, los coches y otros medios de movilidad, ya no se venían por tantos días, y las familias eran mucho más grandes también, se acortaron. Como ahora, vienen el sábado o el domingo a la mañana y se van el domingo a la noche, a lo sumo los que vienen de más lejos se quedan dos o tres días, pero mas no porque tienen que volver a trabajar… es el ritmo de hoy. Antes si se trabajaba en el campo por ejemplo, se arreglaba de antemano para Pascuas y la Kerb se volvían (si tenían que elegir entre las dos, elegían la Kerb porque se festejaba más y Pascuas era en todos lados).

Los lunes se iba al cementerio, bailabas el domingo hasta las 4 o 5 de la mañana y al otro día a levantarse e ir. Todavía hoy se va, pero los sábados. Porque acá se venera mucho a los muertos, kerighhoof (patio de la iglesia) es el cementerio, que estaba antes en el parque de la iglesia cuando se iba a misa pasabas y les salpicabas agua bendita (todavía se sigue haciendo). Con el tiempo se separó al cementerio, pero en ninguna colonia están muy lejos, se ubican dentro del pueblo.

El alemán del Volga tiene eso, se rezaba, se compartía una comida y se celebraba con música; lo social y lo religioso estaba muy unido, eso no asombraba a nadie a alguien de afuera quizá sí; estar bailando a la noche e ir al cementerio al otro día, pero se va a visitar a los seres queridos en señal de respeto. Hoy en día en las colonias, cualquier día que vas al cementerio, vas a ver gente que está limpiando las tumbas, cambiando las flores… se sigue respetando eso. Por ejemplo yo tengo familiares enterrados en Suarez en el Parque de Paz y a nosotros no nos gusta ese cementerio porque no hay foto, no ves a la persona la recordás pero no es lo mismo, la imagen tiene que estar.

Hace unas semanas vino una prima que está viviendo en Estados Unidos hace más de veinte años, había fallecido su madre en Buenos Aires y no estaba tranquila porque su madre estaba allá, entonces vino a traer sus restos a la tumba de sus abuelos (ahora le estamos por colocar la foto…) Cuando hizo esto sintió una sensación de paz y se fue tranquila porque la había devuelto a su lugar.

¿Cómo se desarrollaba la Kerb?
Antes, por lo que me comentaba mi madre, era mucho más religioso (se hacían misas y misas largas y procesiones). Pero siempre se empezó en la iglesia. Arrancaban los martes, yo ayudaba a papá en el Club. Íbamos a misa, después a comer, a la kermese o a la procesión, volver a comer y de más grande a los bailes hasta el del martes (la colita le decían).

Estos bailes empezaron acá, en el Volga se hacían las fiestas entre todos los vecinos porque siempre alguien en la familia sabia tocar el acordeón (había uno, dos o tres muchas veces). Al principio era así acá también, después se fueron extendiendo y cuando se fundó el club en el año 1938 se empezó con los bailes en carpas, era más familiar. Esta señora de los 100 años me contaba que se juntaban los amigos/as en una casa vacía y alguien tocaba el acordeón y bailaban en las salas y los corredores largos.

Lo esencial es la reunión, juntarse en  familia y los con amigos íntimos, el almuerzo era multitudinario (en ese día los que estaban cerca venían todos a ayudar), se disfrutaba mucho de eso, se encontraban los que hacía mucho no se veían, charlaban.

Tanto es la influencia de la religión en la vida que, en los velorios, en el Volga y en Estados Unidos todavía se usa; nosotros acá no (por lo que averigüe en Argentina no se hace más, salvo en los primeros aaños de residencia en la Argentina); después del sepelio se hace una comida para todos los familiares y amigos que vinieron.  Un descendiente que vino de una colonia en  Kansas, el año pasado cuando murió el hijo, tenían 400 personas para almorzar.
No se veía la religión como algo triste, sino como algo alegre; algo que iba aunado con la vida. Rezaban y no hacían mal a nadie, se comía bien y después se divertían bailando entonces eso quedó en los tiempos. Con la modernización quedo reducido más a los bailes, antes era un acontecimiento familiar y se volcaban todos alrededor de la iglesia, ahí se marcaba todo lo social y lo familiar.

¿Cómo cree que se podría poner en valor esta festividad, desde el punto de vista turístico, sin hacer peligrar la esencia de la misma?
Yo pienso (y nosotros acá somos más tradicionalistas en la Colonia 3), que la manera es haciendo una recorrida y acompañando. La iglesia hace una procesión el sábado y la gente que se integre.

Cantar el “GrossGott” (Himno a la alabanza de Dios) que conmueve hasta las lágrimas, se empieza a cantar después de la misa se echan a volar las campanas y se tiran bombas de estruendo; antes agarraban escopetas 16 le metían la pólvora y tiraban unos cuantos, se tiraban más tiros que las bombas. Cantar el Himno con las campanas al vuelo conmueve a muchísima gente que no es alemana inclusive y se le caen las lágrimas aunque no entendían nada lo que se cantaba, igual. Yo los veía y me preguntaba ¿Qué es eso que conmueve tanto? que se canta desde hace casi mil años.
En el sentido Turístico que nos acompañen, hoy día se han hecho muchas cosas: tenemos restaurantes, museos, casa de té, la arquitectura y muy especialmente la calidez de su gente… tenemos más cosas para ofrecer.

Me gustaría que vengan turistas, que vean cómo hacemos las cosas nosotros pero que intervengan y no sean sólo espectadores y que acompañen a los alemanes del Volga en sus ritos y costumbres.

(Entrevista realizada el día 20 de Junio de 2011, en el domicilio de Héctor Maier Schwerdt en Pueblo Santa María)

(Continuará)
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