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martes, 7 de febrero de 2012

Epilogo de Rodolfo Funke… Protector y benefactor... La colonia de vacaciones "Hogar Funke"

En su corazón siempre mantuvo la nacionalidad alemana


Desde el nacimiento de Rudolf Funke transcurrieron 160 años de historia argentina y alemana, pero también 160 años de idiosincrasia alemana en la Argentina. La vida de personalidades destacadas está íntimamente ligada al desarrollo de su círculo de influencia y de su país, sobre todo cuando se trata de personas con una sensibilidad social muy desarrollada. Rudolf Funke se hizo ciudadano argentino, pero en su corazón siempre mantuvo la nacionalidad alemana…

La decisión de la fundación del hogar recién maduró con los años, cuando ya hacía un tiempo que vivía en su estancia favorita. Hasta ese momento su vida transcurría como la de muchos jóvenes europeos, que osaron cruzar el Atlántico con mucho dinero y buenas recomendaciones, para probar suerte en América del Sur. Era hijo de un poderoso terrateniente y estaba doctorado en química. Aquí estaban dadas las buenas condiciones para su progreso. La lana de su criadero de ovejas en el sur se vendía muy bien en Europa y además en esos años Argentina comenzó a exportar carne congelada y granos…


Gracias a que fue recomendado a Ernesto Tornquist, un poderoso financista, en un principio Rudolf Funke pudo dedicarse a la industria y al comercio. La siguiente anécdota muestra que era valiente y de espíritu aventurero: En 1878 realizó solo una cabalgata a Sierra de la Ventana, en aquella época esa región todavía estaba dominada por los indios. Aquí lo alcanzó un chasqui enviado por el comandante de Bahía Blanca con la advertencia "alemancito apúrese, que vienen los indios". Desde ese momento siempre se sintió atraído por la montaña.

Funke ya se había decidido por la agricultura, animado por estancieros amigos. El recuerdo de la cabalgata solitaria y una invitación de la familia Tornquist, finalmente lo llevaron a comprar tierras en Sierra de la Ventana. Además administró durante varios años estancias y un almacén de la familia Tornquist. En 1905 construyó la residencia de la estancia Cerro Naposta Grande y la convirtió en el centro de su vida social. En los años siguientes compró varias tierras aledañas.

Demostró que con energía y premeditación se puede progresar. A estas cualidades se sumó otra que no le trajo ganancias, pero que le trajo reconocimiento en el ámbito social: sabía tratar con la gente y comprender sus problemas. Se dice que durante la primera guerra mundial le brindó apoyo a todos los alemanes que le pedían ayuda, dándoles trabajo en su estancia y permitiéndoles permanecer una semana en la misma. Para la ciudad de Tornquist, cuando fue recién fundada, realizó varias donaciones. Hizo construir un cine, una casa para la "Sociedad Germánica" y dos escuelas, pagando el sueldo de sus maestros.

 

Peregrino incansable


En 1892 Rudolf Funke emprendió una cabalgata con una tropilla. Fue bordeando la cordillera de los Andes hacia el sur y luego llegó hasta Comodoro Rivadavia. En ese viaje conoció y aprendió a valorar el trabajo desinteresado que realizaban los salesianos en el sur del país. Con 70 años viajó a Moscú y Leningrado para conocer al comunismo en Rusia.

Todos los años se sentía atraído por su residencia rural a orillas del lago Tegern en Baviera, donde pasaba el verano rodeado por parientes y amigos. También fue cónsul general argentino en Munich. Por su relación con artistas y pintores se convirtió en su mecenas y compró varios cuadros que legó, por testamento, al Club Alemán en Buenos Aires.

Sus últimas vacaciones en Alemania, en 1934, se vieron ensombrecidas por un golpe de estado, cuya brutalidad conmovió tanto al hombre de 82 años, que en el viaje de regreso se enfermó. Cuatro años más tarde, en 1938, lo sorprendió la muerte. De esta manera no sufrió por la segunda guerra mundial, ni por el derrumbe de su patria. Él, para quien la dignidad humana era muy importante y cuya vida alcanzó, a través de su fundación, un punto culminante, seguramente se hubiera sentido muy afectado por acontecimientos tan terribles.

Han pasado muchos años y la fundación Funke ya ha hecho historia. Han pasado distintos consejos de administración y administradores. En el hogar se han hecho reformas y ampliaciones. Durante muchos años recibió huéspedes en forma continua. Aquí era como si el tiempo se hubiera detenido.

Las condiciones comenzaron a cambiar y la fundación tuvo dificultades. En estas circunstancias se formó, entre varios huéspedes, un círculo de amigos y, con autorización del consejo de administración, organizaron la actividad del hogar durante los meses de verano. El resultado fue exitoso porque año tras año la concurrencia de huéspedes volvió a incrementarse. "Debes ganarte lo que heredaste de tus mayores, para poder poseerlo". Estas palabras de Goethe son apropiadas para finalizar un relato sobre la vida y la obra de Rudolf Funke.

Todos nosotros, los alemanes y sus descendientes, el consejo de administración, el círculo de amigos y los admiradores de este hombre y su obra ejemplar, debiéramos poner lo mejor de nuestra parte, para mantener esta herencia, para beneficio y provecho de las generaciones futuras.

Para finalizar, quisiera agradecer al Círculo de Amigos de la Fundación Rodolfo Funke, en la persona de Herma Surany, por todo el apoyo que me brindó para la elaboración de esta nota, como así también a Anni Krieger, por la bibliografía sobre la vida de Rodolfo Funke, que me facilitara para concretar mi objetivo, que es dar a conocer a los lectores, tan valorada obra para nosotros los alemanes.-
Eva Barbara Schmidt
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