Municipalidad de Coronel Suarez

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domingo, 8 de mayo de 2011

EPECUEN , ALGO MAS QUE UNA HISTORIA



February 21st, 2011
Centinelas desnudos con forma de eucaliptos me dieron la bienvenida al llegar a la Villa de Epecuen.
La soledad a veces es aparente como aparentemente solo lo vi,  por primera vez a Pablo Novak.  Este legendario personaje paseaba distraídamente por la Villa, montado en su bicicleta y acompañado por su perro recorriendo blancas calles como si fuese saludando a imaginados vecinos.
El paisaje que observo a mi alrededor es apocalíptico, casas derrumbadas, árboles secos, pero de pie, incrédulos de semejante presente.
Pablo detiene su andar, se sienta sobre unos escombros como si me estuviera esperando, como si fuese la voz de un callado pueblo que quiere contar su historia.
Pasaron 25 años de aquel desastre, me dice  mientras su mirada recorre el estéril paisaje apretando sus manos huesudas e  impotentes.
El,  es el único habitante del lugar y también su único vocero, la naturaleza es caprichosa me dice, aunque a veces el mismo hombre se ocupa de ayudarla a realizar desastres. Recuerdo aquel 10 de noviembre de 1985, el viento Pampero soplaba fuerte arrastrando un gran caudal de agua de la laguna rompiendo el terraplén de 3.50 mts con forma de herradura que se había levantado con piedras y tierra a modo de barrera para preservar la ciudad. Pero la crecida fue tan importante que paso la contención introduciéndose el agua en los primeros hoteles que estaban en la costa y paulatinamente sumergiendo todo el pueblo como una Atlántida Bonaerense.  Claro no fue de golpe, me cuenta, nos dio tiempo a tomar las cosas mas importantes y trasladarnos a ciudades cercanas buscando refugio.  Todos pensamos que pronto bajaría a su antiguo nivel y podríamos regresar a nuestros hogares, pero no fue así, se instalo para siempre, al cabo de las primeras semanas el pueblo todo había quedado bajo 3 mts, de agua y con el su pasado.
Pablo hace gala de su prodigiosa memoria y continúa su relato contando que la Villa Epecuen había nacido a la orilla de la laguna en el año 1922 de nuestro creador a 500 km de Buenos Aires.  En realidad la Villa crece para comercializar la enorme cantidad de sal que había en el lugar, proyectando incluso un ferrocarril para su posterior traslado a Buenos Aires, luego fue creciendo por las propiedades curativas de sus aguas, sucede que  el porcentaje de salinidad que existe solo es comparable con las agua del Mar Muerto.  Luego el Ferrocarril le da el último impulso al desarrollo turístico, así promediando el año 30 la Villa contaba con una Iglesia, una escuela y todos los servicios indispensables de un pueblo, cuando llega la inundación había algo mas de 200 lugares esperando turistas.
La gente venia principalmente a curarse del reuma por las cualidades del  agua, pero además buscaban la tranquilidad y hospitalidad del lugar, sin dejar de lado los famosos carnavales donde lugareños y turistas festejaban esos días de alegría poblando las calles de bailes.
Quizás, como todo tiene un final, esa fuente de “la juventud” perdió su esplendor luego de la inundación, que a diferencia de otras se instalo por muchos años, solo después de haber consumado su obra macabra comenzó su retroceso dejando al descubierto estos despojos habitacionales destruidos y maquinarias totalmente ulceradas por el oxido.
Solo Pablo en su soledad decidió enfrentar y convivir con este fantasma blanco, y esa actitud Quijotesca fue vista por algunos como poco cuerda, pero, pienso,  Dios debe querer a los locos, porque el mundo esta llenos de ellos.
Al preguntarle porque sigue viviendo allí, me responde, aquí pase toda mi vida desde mi infancia hasta concretar una familia de 10 hijos y mas de 20 nietos, porque la mayoría de esos ladrillos que hoy alfombran el lugar fueron construidos por la fabrica de ladrillos de mi familia, porque tal vez me dice, debajo de ellos haya un tesoro donde se esconden los mejores momentos que pase con vecinos y amigos como si ellos me agradecieran seguir acompañándolos.
Pablo continuo su relato y me invito a seguirlo por una escalera semidestruida de un hotel hasta llegar a la terraza del mismo.   Sobre la misma este intrigante hombre gira 360 grados contemplando la Villa, acariciándola con su mirada, como rezando a Dios volver a verla en todo su esplendor, por un momento su mirada se pierde en el ocaso y en sus ojos se dibujan calles colmadas de gente felices y recuerdos.
Este hombre, testigo involuntario y privilegiado, conserva en cada una de sus células la esperanza de ver esta Villa nuevamente de pie con ese espíritu sanador por el cual la gente la visitaba.
Nos despedimos con un fuerte apretón de manos con la promesa de volver y saborear un típico guiso, y al irme, caminando entre los despojos del pueblo pensé, este hombre como un arqueólogo recupera con mucho cuidado todos los recuerdos allí enterrados.
El sol ya se había filtrado en el horizonte dejando un aura melancólica en este paraíso olvidado.
Ali
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