Municipalidad de Coronel Suarez

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lunes, 4 de noviembre de 2013

A la espera de la venida del Señor... La corona de adviento…

Encuentra sus raíces en las costumbres ancestrales de los germanos (Alemania). Durante el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera

La Corona de Adviento…

se hace con follaje verde sobre el que se insertan cuatro velas. Tres velas son violetas, una es rosa. El primer domingo de adviento encendemos la primera vela y cada domingo de adviento encendemos una vela más hasta llegar a la Navidad. La vela rosa corresponde al tercer domingo y representa el gozo. Mientras se encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia y se entonan cantos. Esto lo hacemos en las misas de adviento y también es recomendable hacerlo en casa, por ejemplo antes o después de la cena. Si no hay velas de esos colores aun se puede hacer la corona ya que lo más importante es el significado: la luz que aumenta con la proximidad del nacimiento de Jesús quien es la Luz del Mundo.
Los cristianos supieron apreciar la enseñanza de Jesús: Juan 8,12: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.». La luz que prendemos en la oscuridad del invierno nos recuerda a Cristo que vence la oscuridad. Nosotros, unidos a Jesús, también somos luz: Mateo 5,14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte."

En el siglo XVI católicos y protestantes alemanes utilizaban este símbolo para celebrar el adviento: Aquellas costumbres primitivas contenían una semilla de verdad que ahora podía expresar la verdad suprema: Jesús es la luz que ha venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria. Las velas anticipan la venida de la luz en la Navidad: Jesucristo.
Las ramas de verde perenne recuerdan Jesús es la luz eterna. En los países fríos se escogen ramas de los árboles que no pierden sus hojas en el invierno, para simbolizar que Dios no cambia. El círculo nos recuerda que Dios no tiene principio ni fin, es eterno.

La paz del Adviento

La verdadera paz llega a la tierra con la venida del Mesías. Por eso los ángeles anuncian: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”

El Adviento y la Navidad son tiempos especialmente oportunos para aumentar la paz en nuestros corazones; son tiempos también para pedir la paz de este mundo lleno de conflictos.

Desde el mismo momento que nace el Niño nos trae un mensaje de paz y de alegría, de la única paz verdadera y de la única alegría cierta. Después las irá sembrando a su paso por todos los caminos: “La paz sea con vosotros”. La presencia de Cristo en nuestras vidas es, en toda circunstancia, la fuente de una paz serena e inalterable: “Soy yo, no temáis”. Nos dice.

El tesoro...

que nos ha dejado en herencia en todos los tiempos; “La paz os dejo, mi paz os doy”. La paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo. La paz del cristiano, tan necesaria para la convivencia, es orden interior, conocimiento de las propias limitaciones y virtudes, respeto a los demás y una plena confianza en el Señor, que nunca nos deja. Es consecuencia de la humildad y de la filiación divina.

La paz con el prójimo, fruto de la caridad y la paz con nosotros mismos, la paz de la conciencia. O recuperar la paz si la hubiésemos perdido, es una de las mejores muestras de caridad para quienes están a nuestro alrededor, y  también la primera tarea para preparar en nuestro corazón la llegada del Niño Dios.

Somos bienaventurados...


cuando sabemos llevar la paz a quienes están afligidos, cuando servimos de instrumentos de unión de las personas que queremos, como así con todas las personas en medio de los sucesos de la vida de cada día.

Para poder realizar este cometido importantísimo hemos de ser humildes y afables, pues la soberbia sólo ocasiona disensiones. El hombre que tiene paz en su corazón la sabe comunicar. Los cristianos hemos de difundir la paz interior de nuestro corazón allí donde nos encontremos.

¿No podríamos también nosotros fomentar en este tiempo de Adviento y Navidad una mayor unión de las personas que nos rodean y una convivencia más amable y más alegre? Si somos hombres y mujeres que tienen la verdadera paz en su corazón estaremos mejor capacitados para vivir la fraternidad con los demás.

Intentemos, pues...

en estos días de Adviento, fomentar la paz y la alegría, superando los obstáculos, aprendamos a encontrar al Señor en todas las cosas; también en los momentos difíciles “Buscad a ‘Aquel’ que habita siempre en vuestros corazones” (...) Antes bien, cuando estéis en apuro acudid a Él, día tras día, pidiéndole fervorosamente y con perseverancia aquello que sólo Él puede otorgar (...) Así, se dignará a increpar a los vientos y al mar, y dirá: “Calma, estad tranquilos”. Y habrá una gran paz.

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