Municipalidad de Coronel Suarez

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Cooperativa Electrica

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miércoles, 5 de junio de 2013

Lo que los abuelos nos legaron… La música que nos transporta, que nos identifica… por Huilén Rivarola...



Costumbres, comidas, creencias, son algunas de las herencias que nos dejaron nuestros antepasados venidos de Europa, quienes luego de haber cruzado con esfuerzo el Río Volga en búsqueda de una tierra y una vida mejor, llegaron a nuestro país para transmitir su hermosa cultura, entre ella el encanto y la maravilla de la música alemana...

Encanto porque fueron los mismos acordes que hoy alegran nuestras fiestas alemanas en cada pueblo o aldea, los que deslumbraban a nuestros antepasados en las épocas de
antaño; y maravilla, porque esas melodías que entonaban con nostalgia aquellos inmigrantes que sobre un barco se asomaban a descubrir las tierras argentinas, hoy al oírlas se manifiesta el mismo sentimiento reviviendo lo que nos han contado nuestros padres sobre esa fascinante historia de hace casi dos siglos atrás…

Es de saber que la música alemana se ha ido modificando a través de las generaciones a causa del avance de la tecnología. Se agregaron nuevos instrumentos como la guitarra, el bajo, el órgano, la batería y además se  comenzaron poco a poco a entonar las canciones en
castellano. Pero sin embargo, lo que continua vigente es el significado que desde siempre se le otorgó a nuestra música, la razón de ser de la misma, que es nada menos que el sentimiento de nuestros abuelos...


Sentimiento que se dejó plasmado en las letras de las canciones, en las que expresan amor, alegría, tristeza y generalmente se le canta a alguna muchacha de ojos azules y cabellos dorados, a los animales del ganado o a las tierras del pasado…


Basta con oír los palillos de la batería y las primeras notas del acordeón para que los pies comiencen a moverse y el corazón se estremezca. Polkas, que con solo oírlas el cuerpo entero se sacude al compás, y entre valsecitos y schottis llegamos al punto del mareo por hacer flamear los vestidos con tantas vueltas en círculo y  zapatear al tiempo que se escucha el famoso sapukai…

Esta pasión de la que hablamos, no se proyecta en una única generación. Muchos creerían que solo los de más edad sienten arraigo hacia sus raíces y que en las nuevas generaciones se ha perdido sentimiento. Pero esto no es así. Uno podría atreverse a decir que existe casi la misma pasión por las costumbres alemanas en una y otra generación, ya que es cuestión de observar el entusiasmo de muchos jóvenes de pueblos y aldeas al exhibir sus pasos de baile alemán o al momento de aprender alguna nueva palabra del idioma de sus antepasados. Por más que hoy en día se le haya dado lugar a otra clase de música, que muchos denominan moderna, la que los va a identificar porque ya les ha otorgado una identidad es, y de seguro continuará siendo, la particular música alemana...

Quien haya alguna vez presenciado una de las típicas fiestas en las que se baila esta música, sabe que si el sudor empapa las camisas, si se recibe un pisotón o se derrama  accidentalmente cerveza sobre el vestido, se sigue bailando igual. Se baila por el gusto de bailar, por sentir la música alemana en el alma, sin importar si la pareja que elegimos o que de causalidad nos encontramos en la pista de baile, es buen bailarín o tiene pata de madera, como se les dice a los que no mueven bien los pies…

El objetivo es estar allí en la pista, calentar el cuerpo moviendo las caderas y volver a casa cansados pero alegres y satisfechos. Sin mencionar que si se toca un instrumento musical en una orquesta o se baila en algún ballet alemán, la pasión aumenta un poco más en cada interpretación…


La música alemana se baila, se escucha, se canta, se tararea o se silba, lo que a uno más le guste. Lo que tienen en común estas acciones es que en cada una de ellas se manifiesta el orgullo. Orgullo que siente el que en sus venas corre sangre alemana, el que en su hogar continúan vigentes algunas de las costumbres que solían tener sus antepasados, el que aún recuerda ese maravilloso idioma que le enseñaron sus padres y que también hablaban sus abuelos. En fin, es el orgullo del descendiente de alemanes, que aún valora la valentía y el esfuerzo de los fundadores de su pueblo y de su propia cultura e identidad.
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