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martes, 7 de agosto de 2012

Tercera parte de… El Holodomor, o Genocidio por hambre...


Entre 1932 y 1933 la entonces República Socialista Soviética de Ucrania fue asolada por el hambre provocada por la mano de Stalin. Millones de personas murieron en este genocidio que los ucranianos conocen como Holodomor, y que significa “morir de hambre”. En el marco de un nuevo aniversario de este crimen contra la humanidad…

Nos conectamos con Ucrania para descubrir que exceptuando a algunos intelectuales, a ciertos políticos que intentan ganar consensos apelando al nacionalismo, y a determinados representantes de la comunidad desperdigados por el mundo, pocos en Ucrania hacen algo para recordar una de las mayores tragedias del siglo XX. La indiferencia es el principal enemigo de la memoria… 


Teniendo como referencia la definición jurídica de genocidio, se verificaría la naturaleza genocida del Holodomor al confirmarse de haber sido una hambruna planificada por el régimen stalinista de la URSS. Si bien otras hambrunas también fueron provocadas en otras regiones de la Unión Soviética, como el caso que nos interesa en la República Germana del Volga, el término Holodomor es aplicado específicamente a los sucesos ocurridos en Ucrania. 


El viajero que quiera recorrer Ucrania deberá entender que en esta parte del mundo la geografía es tan caprichosa como la Historia. El país que hoy se llama Ucrania coincide poco con aquella Ucrania que se conoce a través de la literatura o de los recuerdos. Ucrania es una idea, una figura. Curiosamente, la idea de Rusia que en general se tiene, proviene en general del folklore ucraniano: jóvenes rubias con trenzas de vestidos floreados de lino, jóvenes de vistosos bigotes negros calzados con botas y a caballo. Los campos de girasoles y el cielo celeste son los colores de la bandera ucraniana: amarillo y celeste. La Ucrania imaginaria era un país predominantemente campesino, una llanura habitada por cosacos, ucranianos, bielorrusos, rusos, salpicada por ciudades habitadas también por armenios, hebreos, polacos, rumanos. Es difícil imaginar hoy cómo era esa Ucrania perdida. La identidad ucraniana está todavía en construcción, y la Historia del país está permanentemente en re-elaboración. 


Si alguien fuera en búsqueda de ese pasado, debe servirse de la documentación sobre el tema: “Cuando Stalin llegó al poder ordenó la colectivización. Los campesinos no eran dueños de su producción. Todo era secuestrado por el gobierno, que necesitaba satisfacer la demanda de alimentos. El techo impuesto era imposible de alcanzar, y muchos de los campesinos estaban empleados en la industria. Para no castigar a la población de las ciudades, Stalin promulgó la ley de la espiga. Si un campesino era encontrado en posesión de una sola espiga de trigo, debía ser fusilado.” (Oleksa Voropai). 

Unos dice una cifra otros otra, pero sean las que fueren esa acción deliberada para aniquilar al pueblo ucraniano? ¿Desgracia compartida por todos los campesinos soviéticos por igual? ¿Lucha de clases? ¿Crimen de Stalin? Es poco probable que recorriendo Ucrania uno logre hacerse una idea clara. En la Universidad de Leópolis, el profesor de Historia Aleksander Dovchenko enseña Historia Ucraniana. “¿Holodomor? Es algo muy difícil de analizar, y sobre eso no existe ningún registro. Nadie se pone de acuerdo sobre las cifras ni sobre los motivos o las causas. No se explica como un intento de aniquilar a los ucranianos. Todos los pueblos de la Unión Soviética sufrieron la “rusificación”.


Fue más bien un juego absurdo de responsabilidades donde nadie quiso admitir lo que estaba ocurriendo. Los campesinos conservan siempre la memoria de un pueblo, representan las más arraigadas tradiciones. Su desaparición era cómoda para la construcción del nuevo hombre soviético y socialista. Un ciudadano sin pasado, sin identidad. Ucrania es aún hoy la mayor llanura fértil de Europa. Por eso el hambre aquí fue peor. Fue justamente para aprovisionar a los centros más alejados que se privó a los campesinos de sus tierras y de sus cosechas. ” 

*En el museo de antropología de la ciudad, ninguna sala recuerda la hambruna. El director del museo, Nazar Podolski, explica que el museo está para otra cosa, es más bien “un viaje por la cultura ucraniana desde sus comienzos”. Aparentemente, la muerte de millones de personas no aporta nada nuevo. 


Las investigaciones son de otro tono: “Miles de personas morían por las calles. Habían desaparecido los perros, los gatos, las ratas. Era el turno de los que quedaban en vida. Una madre vuelve a su casa y encuentra al marido devorándose a su hijo. ‘Se hubiera muerto de cualquier manera’, se justifica el padre. Y la madre se sienta a la mesa. En un mercado, un niño roba un pescado. La muchedumbre enceguecida lo persigue y lo mata a golpes.” (Ryszard Kapuscinki). 

“¿Holodomor? Fue una terrible carestía donde murió mucha gente” es la opinión más comprometida que uno puede obtener de una juventud que habla en ruso y que quiere mirar hacia adelante. Tampoco en Odessa existe ningún monumento que recuerde la tragedia. 



Kiev, la capital de Ucrania, es una de las ciudades más bonitas del mundo. Nació aquí, hace mil años, el primer estado eslavo. Extendida a orillas del río Dniepr, está llena de iglesias de cúpulas doradas, de parques y jardines.
¿Holodomor?  Dimitri no es tan viejo, pero recuerda lo que contaban en la familia. Muy de vez en cuando, de esas tragedias es mejor no hablar. El padre era huérfano. La madre, también. Unos muertos en la guerra. Otros, de hambre. “Todo el pueblo entero de donde venía mi familia murió de hambre. Nunca conocí a ningún pariente.” Pero prácticamente nunca habló, él, de la Gran Hambruna con su familia. “Estaba prohibido. Sabemos ahora que fue un genocidio. Yo mismo siempre pensé que la causa había sido una gran carestía, una gran sequía. No hay registros, no hay estadísticas, historias. En las escuelas nadie habla de ello.” Sobre el genocidio por hambre, llamado oficialmente “colectivización de la agricultura”, se comenzó a hablar recién cuando la Unión Soviética dejó de existir. 

En toda Ucrania, el único memorial dedicado a la tragedia está en Kiev. En un parque hay diseminadas varias figuras esculpidas que representan el Hambre. Arde una llama eterna, y está todo rodeado de flores. No hay visitas, no hay peregrinaciones, nadie viene a conmemorar a sus muertos. Los millones de muertos por hambre no tienen ni siquiera una tumba, un lugar donde ser venerados. La menor preocupación de la gente en ese momento fue de cavar aunque fuera una fosa común. Fotografías de la época, expuestas en el pabellón del Museo de Historia Ucraniana de la ciudad, retratan la indiferencia ante los cadáveres dispersos por las calles. 

La indiferencia es aún hoy el principal enemigo de la memoria. Después del Holodomor, Ucrania vivió la Segunda Guerra Mundial, a la que siguieron los años de represión staliniana, el comunismo de la guerra fría y la desestabilización que llegó con la Perestroika. La Independencia fue acompañada de la corrupción y del capitalismo más salvaje. Hoy, que la economía parece más fuerte, el país lucha por mantener su independencia frente a la amenaza rusa. 

Además de un reducido grupo de intelectuales ucranianos, y de ciertos políticos que intentan ganar consensos apelando al nacionalismo, pocos en Ucrania hacen algo para recordar una de las mayores tragedias del siglo XX. Como explicaba la señora Nadezhda, una de las pocas que visita el memorial del Holodomor: “En este país donde los vivos sufren tanto, difícilmente encuentra alguien el tiempo para ocuparse de los muertos, aunque hayan sido millones.” 

Etimología

La palabra Holodomor proviene del ucraniano, y significa matar por hambre. El término fue utilizado por primera vez por el escritor Oleksa Musienko en un reportaje presentado a la Unión de Escritores Ucranianos de Kiev en 1988.  En el cuarto sábado del mes de Noviembre, en Ucrania y en las comunidades ucranianas de todo el mundo, se conmemora el acontecimiento y se rinde homenaje a las víctimas del Holodomor 

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