Municipalidad de Coronel Suarez

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domingo, 25 de diciembre de 2011

La Historia de Misha...


En 1994, la UNESCO envió a dos representantes respondiendo así a una invitación que les hiciera llegar el Departamento de Educación de Rusia. La invitación era para enseñar moral y ética en las escuelas públicas, basada en principios cristianos. Debían enseñar en prisiones, negocios, el departamento de bomberos de la policía y en un gran orfanato. En el orfanato había casi 100 niños y niñas que habían sido abandonados, abusados y dejados en manos del Estado. De allí surgió esta historia relatada por los mismos visitantes:

La Historia de Misha

Se acercaba la época de las fiestas navideñas de 1994, los niños del orfanato iban a escuchar por primera vez la historia tradicional de la Navidad. Les contamos acerca de María y José llegando a Belén, de cómo no encontraron lugar en las posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño Jesús nació y fue puesto en un pesebre. A lo largo de la historia, los chicos y los empleados del orfanato no podían contener su asombro. Algunos estaban sentados al borde de la silla tratando de captar cada palabra...

Una vez terminada la historia, les dimos a los chicos tres pequeños trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre. A cada chico se le dio un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas que uno había llevado consigo. Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel cuidadosamente colocando las tiras como paja. Unos pequeños cuadraditos de franela, cortados de un viejo camisón que una señora se olvidó al partir de Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebé. De un fieltro marrón que cortaron la figura de un bebé…
Mientras los huérfanos estaban atareados armando sus pesebres, uno de los invitados caminaba entre ellos para ver si necesitaban alguna ayuda…

Todo fue bien hasta que llegué donde el pequeño Misha estaba sentado. Parecía tener unos seis años y había terminado su trabajo. Cuando miré el pesebre quedé sorprendido al no ver un solo niño dentro de él, sino dos.  Llamé rápidamente al traductor para que le preguntara por qué había dos bebés en el pesebre.  Misha cruzó sus brazos y observando la escena del pesebre comenzó a repetir la historia muy seriamente… por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de Navidad una sola vez estaba muy bien, hasta que llegó la parte donde María pone al bebé en el pesebre…

Allí Misha empezó a inventar su propio final para la historia, dijo: Cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá, y que no tenía un lugar para estar. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con El. Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé qué cosa tenía que pudiese darle a Él como regalo; se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor. Por eso le pregunté a Jesús: Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti? Y Jesús me dijo: Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido. Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre!!

…Cuando el pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas empapando sus mejillas. Se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo… El pequeño huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de él. Alguien que estaría con él para siempre…
Gracias a la historia de Misha, aprendimos que no son las cosas que tenemos en esta vida las que importan, sino a quienes tenemos, ellos son los que realmente importan…
No alardees de tu nacimiento, posición, cualidades o logros espirituales. Ten presente la naturaleza de todas las cosas, y vivirás una vida plena y llena de gozo.

Wir Wünschen euch glüchselige Weihnachten. Friede für alle Menschen, die das gute wollen ... Fröhliche Weihnachten! (¡Feliz Navidad! )



Llegó la Navidad y con ella reverdecen en la memoria y en la realidad cotidiana de los descendientes de alemanes del Volga un sinfín de antiguas tradiciones, tan antiguas que la historia de su origen se diluye en la vastedad de los tiempos. Pero que perduran indelebles en el espíritu de un pueblo que en estos días venera a sus ancestros llevando a cabo costumbres que tienen como base primordial la celebración del nacimiento del Hijo de Dios a través de fastuosas festividades eclesiásticas y de la congregación de la familia alrededor de la mesa hogareña esperando en unión la venida al mundo del Niño Jesús…

Y como siempre ha venido sucediendo a lo largo de la vasta y fructífera historia de los descendientes de alemanes del Volga, sobre todo en estos últimos años en que se tomó conciencia de nuestro rico pasado histórico-cultural, volverán a oírse las maravillosas historias de aquellas navidades de antaño cuando los abuelos celebraban el nacimiento del Niño Dios llevando a la práctica usos y costumbres que, con sólo imaginarlos, nos iluminan la mente y el corazón de recuerdos entrañables que tuvieron lugar junto a la mesa familiar, compartiendo la Nochebuena con nuestros padres, hermanos, tíos, primos, abuelos, bisabuelos...


Cuando en aquellas memorables noches de suculentas comidas agridulces, cargadas de calorías, y con el alma rebosante de alegría, los niños recibíamos las visitas von Christkindl und der Pelznikell. Der Pelznikel que llegaba ataviado con su sobretodo oscuro, golpeando cadenas, dispuesto a castigarnos por alguna travesura memorable que habíamos realizado en algún momento del año. Und das Christkindl que llegaba revestida del aura celestial, tañendo campanillas, regalando golosinas y reconfortándonos después del susto que habíamos pasado…

Eran otros tiempos, es cierto. Tiempos más humildes, también es cierto. Tiempos en donde hasta la dicha era más simple... ¡Pero qué felices éramos! Y cuánta nostalgia y añoranza sentimos hoy al mirar atrás y descubrir que ya  nada volverá a ser como en aquellos años. Porque todos hemos crecido. Y en el camino hacia el futuro, muchos de nosotros hemos ido perdiendo afectos... nuestros padres ya no están... algunos hermanos que también se fueron antes que nosotros... y la vida que siempre continúa... siempre continúa, irremediablemente…

Por eso, en la Nochebuena, cuando levantemos nuestras copas para brindar, compartamos la felicidad del nacimiento del Niño Dios junto con nuestros seres queridos, pero también tengamos presente en nuestra memoria el recuerdo de los que alguna vez nos quisieron y hoy ya no están.



Héctor Maier Schwerdt