El
cultivo del maíz implicaba técnicas diferentes a la del trigo y otros cereales,
siendo su cosecha un hecho importante que imprimía en todo el campo una
actividad humana, inimaginable en la actualidad, que duraba varios meses, desde
marzo hasta junio o más aún…
Cargando a una chata las bolsas con espigas de maíz dejadas en el campo por los juntadores. Los más chicos disfrutan de la jornada.
Luego
de la siembra, realizada según las épocas, con técnicas variadas, pero siempre
muy primitivas, y ya crecido el maíz y listo para ser cosechado, llegaban a las
estancias o a las chacras los "juntadores de maíz" o
"deschaladores" -a veces familias enteras- dispuestos a emprender la
tarea por un magro jornal…
Además de la mano de obra local, llegaban
trabajadores golondrinas de distintas provincias o inmigrantes europeos
tratándose, muchas veces, de gente ya conocida por los propietarios debido a
que repetían la labor año tras año. En la zona de Bolívar y alrededores, donde predominaba la pequeña
propiedad y el trato era más personalizado con el chacarero, éste los dejaba
vivir toda la temporada en sus galpones u otras dependencias, pero en las
grandes propiedades o en lugares que no poseían estos lugares, los trabajadores
construían para ellos y sus familias una suerte de chozas hechas con palos, con
hojas de maíz o chala en las paredes y con techo de chapa que -excepto la
chala- duraban de un año para otro. Se estima que entre quinientas y
seiscientas mil personas participaban de este tipo de cosecha. Luego la tecnología
y la política terminaron con el trabajo del juntador de maíz, quién pasó al
olvido...
Una vez instalados los juntadores…
Comenzaba
la cosecha o juntada, para lo cual se les proveía de un cinto confeccionado con
tela de bolsas de arpillera, con varios ganchos destinados a enganchar la
maleta; era un cinto bien ancho para evitar que sufriera la cintura del
trabajador en el esfuerzo. También se les daba la maleta, que era un gran
recipiente de lona de dos metros de largo y cuarenta centímetros de ancho y con
su parte inferior hecha de cuero para resistir el desgaste por el arrastre
sobre el suelo que se facilitaba cuando, por el roce continuo se ponía bien
tersa y lustrosa. Otros elementos eran las bolsas de arpillera para poner las
mazorcas o espigas de maíz y la aguja o púa que era una punta de hierro con una
empuñadura para proteger la mano del continuo choque contra el filo de las
chalas…
Juntador de maíz en un campo
Para
llevar adelante el trabajo, los juntadores formaban parejas o yuntas, ya sea de
dos hombres o, en caso de familias, el marido y la mujer. Cada yunta tomaba a
su cargo una parte del cultivo, que era conocido con el nombre de "la
lucha" (de allí el dicho "estar en la lucha"). Eran 20 surcos
para deschalar que se comenzaban desde el medio, dirigiéndose cada uno hacia el
extremo de los surcos, arrancando con la púa las espigas a izquierda y derecha
(de a dos surcos a la vez) y echándolos a la maleta que tenían entre las
piernas, la que los obligaba a caminar todo el tiempo con las piernas muy
separadas e inclinados hacia adelante. Cuando ésta se llenaba -unos 30 kilos-,
la vaciaban en las bolsas que tenían preparadas al final del recorrido donde
entraban hasta 100 kilos y repetían la operación llenando nuevamente la maleta
y nuevas bolsas. Un juntador de maíz llenaba unas 15 bolsas por día y había
unos pocos que eran famosos por llegar a las 20…
Una vez terminada la "deschalada", una "chata rastrojera" tirada por caballos percherones recorría las luchas de donde se retiraban las bolsas que debían estar bien llenas y hasta con "coronita", es decir con las mazorcas sobresaliendo por arriba, para evitar que el chacarero rezongara. La chata las trasladaba a las cercanías de la "troja" que se estaba armando y, a medida que se descargaban, las bolsas iban quedando al costado de la misma. Al finalizar la jornada se devolvían al chacarero la bolsas vacías, se controlaban las que se habían llenado y vaciado y se anotaba cuidadosamente cuantas correspondían a cada trabajador…
(Continuará)
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